Es un lugar común decir que el fútbol venezolano tiene muchas carencias. Insuficiencias que dan forma a lo que es la actividad. Son muchos los elementos que de lo que adolece el balompié y que frenan su pleno desarrollo. Unos son más evidentes y otros no lo son, pero que no dejan de ser importantes.
En todos los países de Sudamérica existe una asociación gremial de futbolistas, menos en Venezuela. Han sido en vano todos los intentos de crearla. La propia desidia de los futbolistas, sus egoísmos hacen que cualquier intención muera antes de nacer. Ellos son los propios responsables de que esta idea no cuaje y que proliferen los problemas socioeconómicos, que afectan a los futbolistas. Con un gremio, sin duda, las cosas serían distintas a las que se padece actualmente.
En todos los países de Sudamérica, los equipos de fútbol están obligados a pagar seguro social, menos en Venezuela. El propio Estado venezolano contribuye a que esta situación irregular se presente. No obliga a las instituciones, que son profesionales, según la Ley del Deporte, a que tenga que estar al día, como cualquier ciudadano. Los clubes y la propia Federación de Fútbol hacen vista gorda a este asunto, porque evidentemente les conviene. Pero eso no ético. Es hasta inmoral que no contribuyan con la obligatoriedad de la seguridad social.
En todos los países de Sudamérica existe una ley contra la violencia en los escenarios deportivos, menos en Venezuela. Sigue sin haber una conciencia sobre este flagelo. El tema permanentemente lo evaden, no asumen su responsabilidad. La FVF culpa de los equipos y estos a su vez responsabilizan a la Federación. Mientras, el Estado no entiende lo complejo del problema. No entienden que hace falta una legislación en esta materia y una mejor preparación de los organismos de seguridad para combatir esta situación, cada vez más fuerte e indomable.
En todos los países de Sudamérica están terminados los primeros programas Goal de la FIFA, menos en Venezuela. En algunas naciones, incluso van por el tercero, mientras en el país sigue sin terminarse el primero que ya va cumplir diez años.
Solamente Caracas FC puede jactarse de tener una sede propia. El desaparecido Guillermo Valentiner decidió construir un campo y un edificio para darle independencia a la institución, en unos terrenos anexos al ya existente Cocodrilos Sports Park. Sin embargo, el proyecto original, de hacer un estadio para 15 mil personas, quedó abortado ante la demanda por ecocidio interpuesta por la Alcaldía de Caracas.
A lo largo de la historia, algunos clubes han tenido la intención de construir una sede propia. En 1992, Deportivo Italia anunció la colocación de la primera piedra de lo que sería su sede en un terreno por Guatire. En 2008, el mismo club volvió a afirmar que construiría su sede en el sureste de la capital y hasta ahora nada. Ahora transformado en Petare, ha dejado de tocar el tema. Lo mismo se dijo muchas veces del Deportivo Táchira a lo largo de los años, a propósito de las intenciones recientes de adquirir un terreno para edificar su casa. Estudiantes también ha hablando mucho sobre esto en décadas. Unión Atlético Maracaibo construyó una sede, cuando pertenecía a la alcaldía de Maracaibo, pero en un arrebato de viveza, lo traspasaron a manos particulares, justo antes de vender el club. Ahora el equipo deambula en segunda B y sin sede.
Real Esppor también colocó recientemente su primera piedra y el mejor de los deseos de que lo concreten. Pero a lo largo del tiempo, uno se ha vuelto escéptico al ver cómo las promesas son incumplidas. Son vulnerables a las circunstancias, sobre todo económicas. Peor es la situación de los equipos de fútbol en manos del Estado, ya que ni piensan en el tema de la sede propia. Todo esto son muestras inequívocas de lo débil que es el fútbol venezolano, producto de tantas carencias que atentan a su desarrollo. Este columnista prefiere que, en lugar de invitarlo a la colocación de la primera piedra, lo inviten para la puesta de la última. Así de ese modo, acabarán con el escepticismo que lo invade.

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