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martes, 31 de enero de 2012

El círculo vicioso

La actuación del Caracas FC en el encuentro de ida de la primera fase de la Copa Libertadores de América, ha desatado una serie de críticas, algunas sin fundamento, apoderadas por la emoción y otras más elaboradas y con argumentos más sustentados.
La mala presentación ante Peñarol en Montevideo ha llegado incluso a cuestionar el nivel del fútbol venezolano, y dirigir los misiles a los clubes que han decidido darle forma al negocio con la venta de sus jugadores, algo que por muchos años era impensado. 
Los duros dardos de un sector de la prensa sostienen que es inoportuna la venta de los futbolistas al exterior, sin antes no cumplir un ciclo dentro del equipo. Es difícil definir cuándo debe ser un ciclo cumplido de un jugador para que finalmente parta.  Siempre se ha hablado que el jugador venezolano debe salir para encontrar en otras partes un nivel superior que lo ayude crecer como futbolista.
El fútbol se ha convertido en un negocio. Incluso, ya tocó la puerta del balompié venezolano, que ve y aprecia el talento del criollo, a pesar de las todavía existentes barreras de poseer un pasaporte, que no tiene el magnetismo inmediato dentro de este deporte. Año tras año, se exporta más jugadores, y en el caso del cuadro capitalino, esta práctica la viene haciendo hace tiempo.   
El rojo vende su talento como lo hizo con Gabriel Miranda, Ronald Vargas, incluso con el recordado Paúl Ramírez. Y nadie se acordaba de los ciclos. En otros países, esta realidad de vender es mucho más notoria. Lionel Messi salió de Argentina a los 15 años y Alexis Sánchez se fue de Chile a los 18. Es una realidad muy propia de continente, producto de las necesidades por subsistir. Caracas FC también debe hacerlo o desaparece. No depende de dineros públicos, que generalmente no tienen dolientes. De hecho, sigue dependiendo en buena medida de lo que aporta Laboratorios Vargas, pero necesita generar sus propios recursos. Y la manera más importante es con la salida de jugadores.  Es la manera de hacer el negocio medianamente sustentable.
No se puede criticar al Caracas o al Zulia (en caso de Yohandry Orozco) de querer vender. El tema realmente que debe ser objetivo de análisis es, si con la venta, se puede mantener la misma línea de competitividad. Al rojo en lo particular le está costando. No se puede reponer lo que se fue con la misma rapidez para mantenerse protagonistas.
Lo que sí realmente se le puede criticar a los capitalinos es la política de fichajes de jugadores extranjeros.  Ha sido un fracaso. Hace rato que no llega jugadores de nivel, que marquen diferencia y que enamoren a la afición. En este apartado, debe haber una revisión de las formas que se aplican. No hay ningún justificativo para seguir viendo futbolistas foráneos de calidad dudosa y menos en el Caracas FC.
Ciertamente el nivel del torneo local no es el mejor. La expansión degeneró en la disminución de la calidad y desahució a la segunda categoría, que busca desesperadamente que la miren y la traten con cariño. Es cierto que queda mucho por mejorar en cuanto a la formación del talento. Pero lo que existe realmente es mucho de mejor nivel y calidad que lo que había en el pasado.  Y en esos años pretéritos de obscurantismo para el balompié, hubo clubes que trascendieron y fueron protagonistas a nivel internacional, a pesar del nivel del campeonato.
El tema del Caracas FC pasa por la serie de errores puntuales que encaminaron la debacle en el Centenario, junto a un grupo de jugadores que apenas se van conformando en equipo. El rojo nunca antes había vivido esta experiencia de primera fase, y menos con un plantel a medio andar. Muchos de sus jugadores quizás no tengan los galones de exigencia para el nivel internacional y ahí están las consecuencias. Lo que sí sorprende es que el club haya vendido dos de sus jóvenes estrellas, a días de una participación internacional, viendo tanta necesidad. 
Siempre se ha hablado de la creación de una liga para hacer del fútbol un negocio más sustentable y de mejor nivel. Es una fórmula válida, pero la realidad de la estructura del balompié atenta con esa visión. Los dirigentes cambian año tras año, muchos de los equipos dependen de instituciones públicas y por consiguiente, su futuro siempre vive en la incertidumbre. Cambios sí urgen pero, ¿quién lanza la primera piedra?