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viernes, 22 de julio de 2011

La suerte fue esquiva al destino deseado

La suerte que acompañó el domingo ante Chile, esta vez le fue esquiva a Venezuela la noche del miércoles frente a Paraguay. Así se puede sintetizar lo ocurrido en el estadio Malvinas Argentinas de Mendoza en la semifinal de la Copa América. Ciertamente, el país puede darse por satisfecho por lo que ha hecho la selección nacional.

El equipo mostró las ganas para llevarse el triunfo. Los jugadores pusieron todo para que la victoria fuera suya en los 120 minutos ante un rival, definitivamente rácano, pero muy calculador. Un rival fundido en lo físico, pero inteligente para resguardarse y aferrarse a la diosa fortuna, que nuevamente les sonrió. Tres postes y unas cuantas oportunas intervenciones de su buen arquero Justo Villar, fueron muestra del dominio que ejerció la vinotinto, merecedor de la victoria que no se concretó.

El esfuerzo que hizo el equipo para conseguir el tan ansiado pase a la final se realza más, debido las problemas físicos que arrastró el equipo. Juan Arango jugó desgarrado en el bíceps femoral y con un esguince de tobillo que lo mermó en buena parte del partido. Grenddy Perozo sufrió una fractura en el quinto metatarsiano del pie izquierdo, mientras Alejandro Moreno se fracturó el dedo anular de la mano izquierda.

El equipo se mantuvo fiel al estilo de preservar el orden táctico, de tener el equilibrio como premisa ante un Paraguay muy físico. La táctica fija fue nuevamente la variante por excelencia. La pelota parada generó buena parte del peligro creado. Los tiros libres cobrados por Arango, fueron la vía expedita para llegar al área paraguaya. El primero fue un frentazo de Moreno y luego un directo del propio capitán, que dieron ambos en el travesaño. La vinotinto puso garra y mucha voluntad para conseguir la victoria, pero no fue suficiente. Hizo falta fútbol e ideas, que no surgieron por distintas razones.

Mucho más allá del orgullo que se tiene por la entrega y juego de la selección nacional, hubo algunas fallas en lo estratégico, en un juego pobre de nivel. No pareció ser acertado el inicio con Alejandro Moreno. Su juego no trascendió. Se necesitaba velocidad ante una defensa mermada en lo físico y lenta. Ciertamente, la lesión de Grenndy Perozo consumió un cambio que hizo falta. La selección evidenció la necesidad de un creativo, cuando apenas había ganas y no ideas. No se vio con claridad la presencia de tres delanteros. Maldonado si bien bregó, no hubo intención de juego en esa variante. Con más razón hizo falta un creativo que diera claridad en el frente de ataque.

No se puede objetar la presencia de un Arango lesionado. Su forma de cobrar la pelota quieta obligaba a mantener su presencia, aunque es cierto que no aportó en la elaboración de las jugadas. Otra cosa evidente fue cómo se sintió la ausencia de Tomás Rincón. Es un jugador que no sólo aporta en el quite, sino que empuja el equipo hacia delante. Es el alma de este elenco.

En el ánimo señalado por César Farías, tras la derrota del miércoles, al afirmar que tocaba revisar y reorientar la labor de cara a las eliminatorias, y sin cuestionar los jugadores escogidos por el técnico, es importante darse cuenta que hubo ausencias en la selección de Venezuela, que bien pudieron aportar en los momentos de necesidad.

Es duro irse no avanzar a la final así. El fútbol tiene estas cosas. No siempre el mejor gana. Una situación ya vista varias veces en esta Copa América inédita.