En días pasados, el seleccionador español, Vicente Del Bosque, advertía en referencia a la posibilidad de que su selección pudiera tener exceso de confianza y relajarse, una vez conquistada la Copa del Mundo de Sudáfrica. Hablaba de la posibilidad que pudiera aburguesarse, pero su advertencia no surtió efecto y España cayó goleada en un amistoso ante Argentina.
El temor a aburguesarse es lógico, después de haber cumplido los objetivos. Siempre los rivales quieren vencer al mejor y por eso siempre ha de existir una motivación especial. El FC Barcelona de Josep Guardiola es quizás, el mejor equipo del mundo. Tras haberlo ganado todo el año pasado, ha tenido inconvenientes para repetir la dosis, pero sin quedarse con las manos vacías. Es fácil caer en esa tendencia de confiarse y bajar los brazos. En consecuencia, en la entidad azulgrana, su técnico hace constante énfasis en la necesidad de mantenerse en el máximo rendimiento, sin descuidarse del más mínimo detalle.
Aún así, no escapa a la posibilidad de que en algún momento, puede resbalar tal y como lo hizo en días pasados ante el Hércules de Alicante. Igual había ocurrido en la zafra que ganó los seis títulos. El ‘Barsa’ comenzó la temporada perdiendo ante el Numancia, pero luego enderezó para labrar la más fantástica temporada que algún club ha tenido.
También puede suceder este año. Tras la sorpresa ante el Hércules, el azulgrana se sacudió los fantasmas con la goleada al Panatinaikos, en el inicio de la Liga de Campeones.
En Venezuela, un ejemplo de la lucha contra el aburguesamiento es la del entrenador Noel Sanvicente. Cuando estuvo al frente del Caracas FC sumó seis títulos nacionales en ocho temporadas. Su trabajo se ha caracterizado en nunca bajar la guardia y en siempre mantenerse en el máximo nivel. Es una especie de renovación de los votos, año tras año, sin mostrar desprecio y arrogancia por los demás rivales. Todo lo contrario, la humildad ante todo. Eso también ha sido parte del éxito que el estratega ha tenido en el fútbol profesional.
Muy al contrario ha ocurrido en otras instituciones que fueron presa fácil de la burguesía futbolística, que consiguieron el éxito de forma efímera y luego desaparecieron con la misma velocidad que llegaron a la cima. Unión Atlético Maracaibo es el mejor ejemplo que encaja. Gracias a un dinero efímero, le llegó rápido el éxito que también fue momentáneo. Luego despareció y ahora deambula, con muchas penas, por la segunda división.
La otra cara de la moneda es precisamente la que exhibe Sanvicente, siempre en el lado de la discreción, de donde no apunta los focos del protagonismo. Ahora al frente del Real Esppor, el técnico mantiene su mismo decálogo de trabajo y dedicación. Los resultados no han tardado en parecer. Y vaya manera como estos han surgido. No sólo gana, sino que lo hace con contundencia, sin resquicios para la duda. Lejos de quererse aburguesar.
Quienes optan por el trabajo y la constancia, consiguen la mejor medicina contra el aburguesamiento. Un mal típico en quienes creen que todo está consultado tras conquistar. Las leyendas y trascendencia se logran con la ambición y la perseverancia. De los que hacen lo inigualable como rutina.
viernes, 24 de septiembre de 2010
lunes, 20 de septiembre de 2010
¿Y dónde está el Fair Play?
En 1986, la FIFA inició la campaña del “Fair Play” o “Juego Limpio”, debido, en gran medida por la reacción que produjo el gol anotado con la mano por Diego Maradona. Para el organismo, la deportividad desempeña un papel fundamental en el fútbol y es necesario aplicarla en todos los ámbitos del deporte. Pero tras 24 años, poco se ha avanzado en materia de juego limpio.
Las distintas modificaciones al reglamento de fútbol, que han ocurrido, en procura de conseguir un juego menos brusco y con más deportividad, no han dado los resultados esperados. En los años 90, las continuas faltas adelantaron el retiro del holandés Marco van Vasten. Sus tobillos no aguantaron el exceso de pierna fuerte de los defensores. La salida del balompié de este reconocido jugador hizo sonar las alarmas en el seno de la FIFA, en la necesidad de proteger al futbolista talentoso. El entonces secretario general del organismo, Joseph Blatter le dio mayor dinamismo a la campaña. En 1998, los ‘legisladores’ del fútbol volvieron a romper una lanza en favor del juego limpio y a partir de ese momento las entradas por detrás son sancionables con tarjeta roja. La institución rectora del balompié señalaba en ese momento que la adopción de tal medida a las puertas del siglo XXI dejaba claro el compromiso con el progreso de este deporte.
Pero los resultados han sido muy pobres. Los cambios al reglamento no son cumplidos por los árbitros. Es muy común ver cómo las faltas por detrás no son sancionadas con la roja, tal y como estipula la regla. El juego brusco se ha adueñado del campo. Ya forma parte del panorama y poco es lo que brilla del llamado ‘Fair Play’.
El pasado Mundial de Sudáfrica se caracterizó por el juego violento que tuvo su colofón en la lamentable actuación en la final del árbitro inglés Howard Webb, permitiendo las acciones bruscas de los jugadores holandeses, en especial aquella patada criminal de Nigel de Jong contra Xabi Alonso, en la que apenas le mostró tarjeta amarilla. Las campañas y las modificaciones a la reglamentación sólo se quedan en el papel.
La reciente lesión del argentino Lionel Messi es la última de las entradas brutales. El checo Tomas Ujfalusi fue directo al tobillo derecho del jugador del FC Barcelona. Se pensaba lo peor, pero para fortuna del futbolista, todo quedó en un esguince y 15 días de reposo. Esta vez, el árbitro principal sacó la roja directa. En la primera jornada, Cristiano Ronaldo fue cazado por un defensor del Mallorca, que ni vio amarilla. La siguiente víctima fue Sergio Agüero, alcanzado por una patada de Gurpegui. Estos episodios vuelven a recordar que poco o nada se ha hecho por procurar el juego limpio, que tanto mienta la FIFA.
Sean intencionales o no, las entradas violentas son sancionadas – cuando lo son - con suspensiones casi simbólicas, nada que procure un cambio de actitud o que haga honor al juego limpio.
El técnico del FC Barcelona, Pep Guardiola dijo con razón, que no conocía a un chico más noble que a Leo Messi y que lamentaba las campañas orquestadas por algunos medios que incitaban detener al astro argentino por lo civil o por lo criminal. Le recordó a la prensa la responsabilidad de decir lo que sucede. “No sólo hay que proteger a Cristiano. Los árbitros deben proteger a todos los jugadores”. El estadio Vicente Calderón “despidió” al jugador que lloraba en la camilla, con una serie de improperios y silbidos, alimentados precisamente por esas expresiones irresponsables provenientes de la prensa.
Messi es un jugador que eleva el fútbol a otra dimensión y merece mucho más respeto y protección, como cualquier jugador que haga de esto llamado fútbol, la religión en la que se ha convertido. Es hora de dejar de lado esa desafortunada frase de detener como sea a un jugador. Es esencial proteger a los mejores jugadores del mundo. Las sanciones ejemplarizantes también lo deben ser. De lo contrario, nada se ha hecho y nada se ha avanzado en materia del juego limpio. Ese que tanto se enorgullece la FIFA y que tanto brilla por su ausencia en los campos de fútbol.
Las distintas modificaciones al reglamento de fútbol, que han ocurrido, en procura de conseguir un juego menos brusco y con más deportividad, no han dado los resultados esperados. En los años 90, las continuas faltas adelantaron el retiro del holandés Marco van Vasten. Sus tobillos no aguantaron el exceso de pierna fuerte de los defensores. La salida del balompié de este reconocido jugador hizo sonar las alarmas en el seno de la FIFA, en la necesidad de proteger al futbolista talentoso. El entonces secretario general del organismo, Joseph Blatter le dio mayor dinamismo a la campaña. En 1998, los ‘legisladores’ del fútbol volvieron a romper una lanza en favor del juego limpio y a partir de ese momento las entradas por detrás son sancionables con tarjeta roja. La institución rectora del balompié señalaba en ese momento que la adopción de tal medida a las puertas del siglo XXI dejaba claro el compromiso con el progreso de este deporte.
Pero los resultados han sido muy pobres. Los cambios al reglamento no son cumplidos por los árbitros. Es muy común ver cómo las faltas por detrás no son sancionadas con la roja, tal y como estipula la regla. El juego brusco se ha adueñado del campo. Ya forma parte del panorama y poco es lo que brilla del llamado ‘Fair Play’.
El pasado Mundial de Sudáfrica se caracterizó por el juego violento que tuvo su colofón en la lamentable actuación en la final del árbitro inglés Howard Webb, permitiendo las acciones bruscas de los jugadores holandeses, en especial aquella patada criminal de Nigel de Jong contra Xabi Alonso, en la que apenas le mostró tarjeta amarilla. Las campañas y las modificaciones a la reglamentación sólo se quedan en el papel.
La reciente lesión del argentino Lionel Messi es la última de las entradas brutales. El checo Tomas Ujfalusi fue directo al tobillo derecho del jugador del FC Barcelona. Se pensaba lo peor, pero para fortuna del futbolista, todo quedó en un esguince y 15 días de reposo. Esta vez, el árbitro principal sacó la roja directa. En la primera jornada, Cristiano Ronaldo fue cazado por un defensor del Mallorca, que ni vio amarilla. La siguiente víctima fue Sergio Agüero, alcanzado por una patada de Gurpegui. Estos episodios vuelven a recordar que poco o nada se ha hecho por procurar el juego limpio, que tanto mienta la FIFA.
Sean intencionales o no, las entradas violentas son sancionadas – cuando lo son - con suspensiones casi simbólicas, nada que procure un cambio de actitud o que haga honor al juego limpio.
El técnico del FC Barcelona, Pep Guardiola dijo con razón, que no conocía a un chico más noble que a Leo Messi y que lamentaba las campañas orquestadas por algunos medios que incitaban detener al astro argentino por lo civil o por lo criminal. Le recordó a la prensa la responsabilidad de decir lo que sucede. “No sólo hay que proteger a Cristiano. Los árbitros deben proteger a todos los jugadores”. El estadio Vicente Calderón “despidió” al jugador que lloraba en la camilla, con una serie de improperios y silbidos, alimentados precisamente por esas expresiones irresponsables provenientes de la prensa.
Messi es un jugador que eleva el fútbol a otra dimensión y merece mucho más respeto y protección, como cualquier jugador que haga de esto llamado fútbol, la religión en la que se ha convertido. Es hora de dejar de lado esa desafortunada frase de detener como sea a un jugador. Es esencial proteger a los mejores jugadores del mundo. Las sanciones ejemplarizantes también lo deben ser. De lo contrario, nada se ha hecho y nada se ha avanzado en materia del juego limpio. Ese que tanto se enorgullece la FIFA y que tanto brilla por su ausencia en los campos de fútbol.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
