Más allá del show que representó la presencia del campeón del mundo por tierras venezolanas, el encuentro en Puerto La Cruz, le dejó a la selección nacional varios puntos a ser considerados, de cara a la Copa América. En primer lugar, hay que decir que el elenco de César Farías ha presentado ciertas mejorías, que antes eran foco de numerosas críticas. Ya no se juega al pelotazo, como única alternativa de ataque y ya algún criterio de juego, cuando antes carecía de lo mínimo, para afirmar que se jugaba a algo. Eso es un avance y es importante.
Pero más allá del resultado, que desde luego, supone desazón y molestia, la selección nacional tiene aun varias tareas pendientes en su funcionamiento, que si no se mejora para la competencia oficial, puede representar el caos. No se sabe si es porque estaba en frente la mejor selección de mundo, pero Venezuela mostró una excesiva pierna fuerte, que en la Copa América, con la rigurosidad de los árbitros de Sudamérica, puede ocasionar expulsiones con la correspondiente descompensación. Por esa simple estupidez, una planificación de meses y años, se puede ir por la borda. Jugadores como Gabriel Cichero y Tomás Rincón merecen un llamado de atención. En cualquier momento pueden perjudicar al equipo y dejar sin los objetivos planteados. Este criterio es válido también para la eliminatoria.
Lo segundo, es que el equipo abusa mucho del traslado del balón. Varias ocasiones se deshicieron, por el exceso de transportar la pelota, cuando había a quien habilitar. No se es mejor jugador, si se cree que se puede driblar a varios rivales. Es un error garrafal. Si en la selección nacional abunda el jugador talentoso, la mejor forma de aprovecharlo es a través del juego colectivo. Lástima que varios contragolpes se ahogaron en estos vicios de juego.
Lo tercero, puede preocupar el nivel de varios jugadores, sobre todo de atacantes por el bajo nivel mostrado ante los españoles. Giancarlo Maldonado no es ni un ápice del buen delantero que fue en otros tiempos. Está lento y su capacidad de definición está muy por debajo de lo que se espera. Si Farías decide llevar a la Copa sólo a cuatro delanteros, el sacrificado parece ser él. Tampoco Alejandro Moreno convence. Jamás se le olvidará el gol clamoroso que se comió solo frente al arco de España. Un hombre de ataque es para hacer goles. Lo de sacrificio y entrega es discurso estéril. Si la definición ante equipos de la talla de España va por ese camino, el panorama no será halagador.
Preocupa lo de Reny Vega. Tarde en la reacción en los tiros libres. Esa actuación pudiera encender las alarmas. Dany Hernández bien merece una oportunidad, si las cosas con el arquero del Caracas FC no mejoran.
Sigue sin aparecer los automatismos en el trabajo colectivo. Una cosa es combinar al hombre sin marca, y otra establecer un patrón de juego, que se sabe con anticipación, lo que se va a hacer en cualquier sector de la cancha. En días pasados se trabajó en triangulaciones para que existan varias referentes de combinación, pero eso por ahora no aparece. Está claro que jugar con Luis Manuel Seijas en la primera línea de volantes, representa un riesgo muy grande. Se pierde marca y estimula el desequilibrio. Contra España quedó demostrado. Se entendía que para ese partido, por el tema del show, había que jugar así. Pero contra Brasil es una sentencia de muerte segura.
España estuvo muy relajado en el segundo período, ya pensando en los días de vacaciones por venir, que en preocuparse por obstaculizar los intentos de Venezuela. Que la gente no se confunda. La competencia oficial es aún más exigente que lo que pudo dejar el juego ante los campeones del mundo. El módulo de trabajo en Estados Unidos será clave para las correcciones. La Copa ya está encima. Lo que se haga en el torneo de Argentina, será en buena medida el termómetro de lo que pueda ser las eliminatorias. El compromiso es muy grande. Lanzar las campanas al vuelo de forma anticipada, es temerario.
