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miércoles, 21 de enero de 2015

Reflexiones ante el nuevo fracaso de la sub20



¿Qué pasa en las distintas categorías de las selecciones de Venezuela? ¿Por qué del fracaso nuevamente en la sub20? ¿Por qué no existe continuidad? Son interrogantes que comprenden respuestas muy complejas, pero que evidencian a un solo responsable. Y no es otro que la propia Federación Venezolana de Fútbol. El ente que rige el balompié en Venezuela ha demostrado nuevamente su incapacidad de cumplir con las exigencias de hacer crecer y mejorar la actividad.
El fracaso de la sub20 de Miguel Echenausi en el Sudamericano de Uruguay ha puesto en evidencia lo mal que está la categoría en el país. En primer lugar, su designación fue tardía y más animada por cumplir con este compromiso oficial, que producto de un trabajo serio, cónsono y responsable para iniciar un proyecto. Se hizo en abril, cuando ya al menos ocho de las selecciones de Sudamérica llevaban meses trabajando, con proyectos y un norte marcado. Mientras el equipo de Echenausi tuvo solo 10 partidos de roce internacional, los rivales superaron los 30. La designación del DT  y demás entrenadores de las otras divisiones se hizo con apuro y a la carrera, muy al estilo de las propia FVF. La tardanza venezolana solo fue superada por la desidia de sus pares de Bolivia, que tan solo hace dos meses nombraron al DT para que preparara un equipo. No es casualidad que Bolivia y Venezuela fueran las primeras en ser eliminadas, justo por ser las últimas en comenzar a trabajar.
Echenausi sabía que no disponía del tiempo suficiente como para tener un equipo a la altura del compromiso. Aún así asumió el cargo. Dijo en su presentación, algo que después no cumplió. Que basaría el equipo en el elenco mundialista sub17 heredado de Rafael Dudamel. Al final, tan solo cuatro jugadores repitieron proceso.  
Pero eso no fue lo más desdeñable. El técnico creyó en un grupo de jugadores distinto y eso es respetable. Lo que sí le correspondía a él era mostrar una evolución acorde a un grupo de jugadores, que todos los expertos consideraban un equipazo, con un talento de jugadores ofensivos poco visto en un equipo de selección menor. Era poner a funcionar tanto talento, que tuvieran una noción de juego y que a pesar de no cumplir con el objetivo, dejaran una buena imagen de fútbol, que alimentara la ilusión pensando en el futuro.
Pero nada de eso se dio. La selección evidenció en todo el certamen ser un equipo inofensivo. Que de poco le vale tener jugadores desequilibrantes de buen pie, si esas individualidades no entran en una dinámica colectiva. Fue un equipo sin chispas, sin capacidad de reacción ante la adversidad. Por el contrario, bajaba los brazos ante un gol del rival y sentenciaba su destino antes de consumarse. Mención aparte merece Andrés Ponce, el goleador y capitán. De pobre desempeño, el atacante nunca encontró la manera de encajar en el rígido esquema de Echenausi. No tuvo balones claros y lo poco que le llegó lo desperdició. Mal momento el del zuliano.   
El técnico no se mostró apresto a los cambios. No tuvo mayor inventiva de modificar lo que mal estaba funcionando. Repitió esquema, el 4-2-3-1 y jugadores en los tres primeros partidos. No probó a otros elementos en la banca, que al menos pudieron haber servido de revulsivo, ante lo que mal estaba sucediendo. Terco, murió en su idea, pero murió. De fútbol se le escuchó poco, y solo manifestaba arengas que poco venían al caso. Antes de viajar al torneo, Echenausi manifestaba el deseo de seguir al frente de la selección, pasara lo que pasara. Pero ante la actuación y evidente fracaso, no hay mayor aval para hacer cumplir su anhelo.
Pero el mal resultado no deriva solo en lo que ocurrió en Uruguay. Es todo un problema estructural y de pensamiento que reina en el fútbol venezolano. Hace años, la FVF instauró la norma de la que cada equipo debía jugar con un juvenil. Desde un inicio, la regla causó malestar en clubes y entrenadores, que vieron en la misma un enemigo al rendimiento de sus equipos. Eran conminados  a cumplir una norma de la que no creían. Se inventaron los mecanismos para minimizarla, de los que todavía pululan, con las famosas sustituciones del joven futbolista. Fueron pocos lo que la valoraron y consiguieron en la norma, la manera de exhibir el talento que trabajaban abajo.  Sin embargo, los enemigos siempre consiguieron la fórmula para no hacerla valer. Cada vez que el técnico de la sub20, iniciaba un módulo de trabajo o acudía a una competencia, la regla era suspendida. Este vicio se mantiene al día de hoy, en medio de la complicidad de todos los equipos y la FVF. Cuando ocurra un nuevo fracaso en estos torneos, recordar cosas como esta.
El nuevo fracaso no tiene un solo responsable. No pasa solamente por las decisiones técnicas o el mal desempeño del equipo. El principal causante de la debacle radica en las oficinas de Sabana Grande y Margarita. En los dirigentes de la FVF reside la mayor responsabilidad, por su desidia, por su incapacidad, por no valorar en la real dimensión, la importancia de tener equipos competitivos en las categorías menores. Por no hacer valer el trabajo en los torneos que organiza. Porque no hacen un seguimiento serio, profesional basado en estadísticas, en metodología del trabajo de cómo va el desarrollo de  las divisiones inferiores. Porque no se trazan objetivos generales y específicos de planes contentivos a largo plazo. Porque no existen proyectos. Porque no valoran.
No esperen mayores cosas de quienes están  acostumbrados al fracaso y que en el fondo no les duele lo sucedido. No esperen que hagan un balance serio a los que están habituados a la indiferencia e improvisación.              
Este fracaso está englobado en lo que es hoy el fútbol venezolano. Forma parte de la cadena de mediocridades en la que está inmersa la actividad. Es todo el balompié venezolano, el bajo nivel del torneo local, el abandono de los estadios, la debilidad institucional, la falta de patrimonio, las deudas, el mal momento de la vinotinto de mayores. Es todo. La sub20 es la radiografía exacta de cómo está el fútbol venezolano. Y si se va más allá, de cómo está el país. Todo es el reflejo de todo. Con un fútbol así, con dirigentes de ese estilo, difícilmente se obtengan resultados positivos. Y los logros del pasado son hechos circunstanciales, accidentes aislados que solo solaparon la incapacidad de los que rigen la actividad. Es así, duélale a quien le duela.