Dentro
de tantos sin sabor, dentro de tanto desaguisado y canalladas que abunda en el
fútbol venezolano, esencialmente en el que práctica los hombres, viene como una
brisa fresca y agradable lo que está haciendo la selección femenina sub-17 en
el Mundial de Costa Rica.
Para la
inmensa mayoría del país, que sigue siendo el no futbolístico, el que no está
empapado en lo que acontece con la actividad, es una noticia que llena de
felicidad, en momentos de mucha tensión política.
Se
sabía que eran buenas, por el campeonato obtenido en el Sudamericano, que
precisamente les otorgó el boleto al Mundial. Pero no que lo eran tanto. Se
sabía que era un elenco con talento, pero no para aplastar con tanta facilidad
a sus rivales.
Por
ahora, esta selección depara alegrías por su forma de jugar al fútbol, que poco
se ve en un elenco venezolano. Es un equipo equilibrado en todo el sentido de
la palabra. Es fulminante en el ataque y práctico a la hora de defender y
quitar el balón. Mejor aún, muestran una talla inusual, que supera con creces a
sus rivales en el aspecto físico. Pero lo más importante es que tiene noción y
concepto de juego. Son conocedores del oficio, de las indicaciones que les da
su entrenador. Cuando hay que jugar en transición rápida, lo hacen con
determinación. Cuando el juego requiere pausa, la hacen con prestancia. Cuando
hay que apretar en la salida, lo hacen con la presión que siempre les da los
resultados que esperan de su ejecución.
Por eso da gusto ver jugar a una selección así.
Hay un
rasgo fundamental y ha sido una constante en los elencos que dirige Kenneth
Zseremeta y es la humildad con la que trabaja este panameño, formado
futbolísticamente en Alemania. Es un
hombre tímido, de pocas palabras y cuyo sentido de trabajo lo desarrolla lejos
de los focos de la atención mediática. Se ha dedicado en cuerpo y alma al
desarrollo del fútbol femenino. A ubicarlo en el mapa de todos. Una labor que
es un apostolado sin nada a cambio. Muchas veces no goza de las herramientas
que sí tienen las selecciones masculinas. No cuenta con los recursos que sí lo
hay para otros elencos. Lo suyo es el
trabajo desde el nivel aficionado, como lo es casi todo el sector femenino en
el país.
Hace de
la humildad su mejor herramienta de trabajo.
No es de los que edulcora el discurso con pretensiones fuera del
alcance, como sí ha ocurrido en su versión masculina. Está siempre con los pies
en la tierra. No maximiza sus metas y cree que las cosas se deben dar paso a
paso. Gracias a él, se conocen nombres
como Deyna Castellanos, Gabriela García o Daniuska Rodríguez, entre otras.
Pero Zseremeta
es un hombre de ambiciones. Ya ha dejado entrever en el pasado su deseo de
poner fin a su ciclo con las
chicas. Quiere experimentar en otras
esferas del fútbol y es normal que piense así. Tiene pretensiones de crecer, de
mejorar en todos los aspectos, incluyendo el económico. Y si no se ha ido anteriormente es porque su
amigo, Lino Alonso le ha convencido para que siga.
La
Federación Venezolana de Fútbol deberá buscar la manera de convencerlo para que
se mantenga al frente de las selecciones femeninas. Deberá mostrar su lado más
bondadoso en lo económico y acatar todo lo que el adiestrador exija. Esta
generación de chicas merece continuidad hasta su crecimiento máximo.
Con
respecto al Mundial, lo realizado genera la mayor de las satisfacciones y uno
tiene que darse por realizado. Pero por lo visto, da la impresión que pudiera
llegar lejos, quizás lo más lejano que haya podido lograr una selección
nacional en un evento FIFA. Aunque sin perder las expectativas y la humildad
que las ha caracterizado. Paso a paso y siempre con los pies en la tierra. De esa manera llegan los logros, la alegría
que estas chicas le están dando a un país que necesita sonreír.
