La Federación Venezolana de Fútbol es una
institución que a lo largo de los años de la gestión de su presidente, Rafael
Esquivel, ha tenido aciertos y errores. Ha trabajado por el fútbol y muchas
veces ha tomado malas decisiones. Normal dentro de un órgano de fútbol pero
jamás, se le había visto el lado más oscuro, más despótico y más insensible,
como el de obligar a jugar los partidos, en medios de las actúales circunstancias
de desorden público que vive el país.
Obligar a que se jugara el partido del martes
en Mérida entre Estudiantes y Llaneros, y el miércoles en la UCV entre Caracas
FC y Zulia FC fue la torpeza más grande que se le haya visto al organismo en
mucho tiempo. Les importó poco que en ambas ciudades se viviera prácticamente
un estado de sitio. Que se viviera una tensión en las calles, llenas de
barricadas y con una atmósfera de inseguridad impresionante. Que poco interés
tiene la FVF y la LPB en los espectáculos que organizan. Les da igual que lo
hagan a puerta cerrada o abierto al público. Les da igual las arcas y bienestar
de sus clubes afiliados. Les da igual si equipos, entrenadores y jugadores
piden no jugar. No existe diálogo. Solo la imposición, en una muestra de una
actitud despótica, basada en absurdas exigencias de comprobante oficial. Qué poco
importa si los jugadores tienen cabeza para jugar o no. No les interesa por su
estado anímico, evidentemente afectado por lo que pasa. En muchos casos, ellos,
los futbolistas, están lejos de sus familias sin saber la suerte que puedan
correr. Qué poco les importa la vida de quienes hacen la actividad. Le importa
un bledo que árbitros, futbolistas, empleados y periodistas puedan llegar a sus
casas sin ningún trauma. Seguramente estas
instituciones habrán recibido presiones de algún ente gubernamental. Si no lo
han hecho, estos actuaron para no desacatar alguna presión futura. Es como la
autocensura en los medios. Pero ser políticamente correctos en este momento, es
ser políticamente insensato y hasta estúpido.
Da tristeza escuchar argumentos tan carentes
de fundamentos en funcionarios federativos, justificando su acción afirmando
que en el baloncesto no había parado. Cuchillo para su garganta, porque a las
pocas horas, Trotamundos de Carabobo decidió no jugar el duelo con Marinos, por
no existir las condiciones de hacerlo. Finalmente, una institución sensata, que
antepone la vida de sus jugadores, empleados hasta del público, que al circo
que otros pretenden mantener a costa de todo. Supo entender lo que pasara, a
pesar que le costara la pérdida del juego.
La FVF es un organismo lleno de hipocresía.
Mientras imponía su ley a mano fuerte para que se jugara el Dvo.
Táchira-Atlético Venezuela, del domingo 16 de febrero pasado, a pesar de la
situación de desorden público que se vivía en los alrededores de Pueblo Nuevo,
mandaba a cerrar temprano las oficinas del organismo el día del anuncio de las marchas
en Caracas el 18 de febrero. Cuánto cinismo. Cuánto descaro.
Asumir el papel de los músicos de Titanic, de
que nada pasa y todo está normal, les termina de conformar la peor de las
imágenes como institución. Si se hiciera una encuesta de favorabilidad y
gestión, quedarían muy mal parados. De eso no lo duden. Quizás poco le importa tener una raya más para un
tigre experto en desprestigio. Ya se sabe por qué el fútbol venezolano es el
último de Sudamérica, con la peor liga, los peores equipos y sobre todo, los
peores dirigentes. Ya nada extraña, pero ya se sabe dónde se está y por qué
este balompié no termina de surgir.
