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lunes, 26 de septiembre de 2011

Juventud divino tesoro

El famoso poema, “Canción de otoño en primavera” de Rubén Darío comienza con la frase que titula la columna y trata de las bondades que supone esa hermosa etapa de la vida y de la melancolía que se siente cuando se está a punto de perderla. Basado en ello, el Caracas FC comienza a sacar pecho por su apuesta a su inagotable cantera, por lo que fue el riesgo en su momento, la de darle la responsabilidad a los chamos.

El juego ante Mineros de Guayana ha sido la confirmación de que ese reto fue el mejor camino escogido por la institución capitalina. Seguramente la necesidad de dar un giro, por razones económicas y por exhibir su propia producción, el rojo ahora emerge con fuerza entre los favoritos, pero con la etiqueta de su juventud.

Atrás quedaron los tiempos de aquellas nóminas de estrellas o de esa política de hacer fichajes costosos y muy pomposos, que caracterizaron las primeras dos décadas del equipo en manos del Organización Deportiva Cocodrilos.

Hoy, el fuste donde se fundamentan las columnas de las metas del club apunta a sus jugadores, que vienen con el sello de casa desde sus categorías menores. El tiempo le está dando la razón a Philip Valentiner, que entendió la necesidad de hacer un giro drástico en el camino del club.

La cualidad del presidente fue aguantar estoicamente las críticas que le llovieron desde todas partes. La de plantarse como un roble en su postura y reafirmar que lo que estaba haciendo, era el camino correcto. Ya nadie se acuerda de esos malos momentos, cargados de tensión que se vivieron en los alrededores del Cocodrilos Sports Park.

Sin todavía saborear un título desde el momento de la decisión, todo indica que fue la ruta certera. Hoy, la afición y los medios hablan con orgullo de los logros y lo hecho por Fernando Aristiguieta, Alexander González y Josef Martínez., como si se tratara de tres viejos estandartes del club, cuando ninguno de los tres llega a los 20 años de vida.

Hay algo que merece ser también destacado. El triunfo contundente sobre el cuadro de Guayana, se hizo con una plantilla de puros jugadores venezolanos, de los cuales siete salieron de las categorías menores del club. No es que el refuerzo no haga falta, pero no es lo más importante en lo deportivo.

Ya no hay miedo para colocar a un joven de 21 años, como lo es Pedro Caraballo en el arco, a pesar de ser el tercer arquero. En otro club, seguro hubiera apostado por uno de experiencia, ante las dudas, ante el temor. Lo más destacable es que la normativa del sub-20 no es vista como una regla obligada a cumplir. Por el contrario, se ve como un estímulo y no solo ubican a un juvenil, si no que colocan a dos y hasta tres, como ocurrió el domingo pasado.

Mientras la mayoría de los equipos entiende que los hombres de área deben ser futbolistas curtidos en el oficio y conocedores de lo que es la liga, en el Caracas ve que lo normal es colocar a dos chamos, con un enorme talento que ya comienza a dar sus frutos.

Es cierto que desde aquel momento en que se tomó la decisión, el club no ha mantenido una línea de protagonismo como acostumbraba, pero tampoco ha sido un transitar de tropiezos, que hagan pensar en el viejo pasado. Si no se acuerdan de los malos momentos, menos se añoran los tiempos de los buques insignia, que caracterizaron los años de éxito, que vivió el club en los dos últimos lustros. Al contrario de Rubén Darío, al rojo no le embarga los sentimientos por la pérdida de los buenos años. Su fuente se renueva para seguir produciendo la materia prima, que mantiene viva la ilusión.

Lo que sí parece claro es que los títulos se avizoran en el horizonte. Están cada día más cerca. Mientras unos apuestan a las figuras consagradas, a la experiencia; otros como el rojo, lo hace por su juventud. Por eso, con certeza, pase lo que pase, llegue o no el título para rojo esta temporada, el camino escogido es el correcto. Es el camino por la juventud, el divino tesoro.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

No maten al fútbol

Si usted amigo lector, no ha sido víctima de la inseguridad que reina en este país, considérese no sólo un afortunado, sino alguien que puede ser producto de un milagro. Este flagelo que agobia Venezuela, cada día se expande dentro un mar de impunidad por la inacción de las autoridades. La inseguridad incluso, se ha convertido en una de las causas del porqué muchos venezolanos deciden emigrar del país.

Se habla entonces de una nación sentida y enferma, producto de la violencia que sacude las calles día a día. En el fútbol, este problema encuentra un caldo de cultivo perfecto para su reproducción y expansión a todas sus anchas. Si en la calle hay impunidad, en el balompié existe un total desinterés en el tema. En medio de esa desidia y falta de conciencia de sus autoridades, los violentos actúan sabiendo que no les pasará nada. Más allá de copiar modelos y actitudes de otros países, la violencia de los hinchas es alimentada por los mismos clubes, quienes con prebendas y favores, benefician a estos violentos, creando prácticamente brigadas de choque.

El nuevo episodio en Barquisimeto vuelve a levantar las pocas voces de quienes son conscientes que la violencia no trae nada bueno. Sin embargo, el grito desesperado por quienes piden que se actúe, se apaga, en medio de la enorme desidia y falta de conciencia.

¿Cuántas veces se ha escuchado de que ahora sí se va a actuar? ¿Por qué se viola la normativa sobre registro de hinchas y medidas de seguridad que la misma Federación Venezolana de Fútbol elaboró? ¿Por qué no se ha tomado medidas más certeras para acabar con este problema? ¿Por qué no existe colaboración del Estado venezolano para ayudar a combatir a los violentos? ¿Cómo se invita a la afición a acudir si va encontrar en el estadio, violencia y vandalismo? ¿Por qué no hay un solo preso por los continuos episodios de violencia en el fútbol?

Muchas preguntas y ninguna respuesta. La responsabilidad pasa porque los mismos clubes alientan a los violentos. Dan la impresión que prefieren al hincha de una barra - ese que entra sin ningún control, con aerosoles para hacer llamaradas, que tanto hace feliz a los comentaristas de TV y a los mismos directivos de los equipos – que al aficionado que quiere ir en familia y en sana paz.

Prefieren al hincha que va armado con cuchillos, machetes, bajo los efectos de las drogas, y que va generar problemas, que al que solo asiste para presenciar un juego de fútbol. Esa es la verdad.

La TV y muchos radios del interior del país tienen mucha culpa en esto. Es un acto de irresponsabilidad mayúsculo cómo alientan y aplauden a estas barras, disfrutando de sus espectáculos luminosos, sabiendo que lo hacen con elementos peligrosos, que no se puede ingresar a un recinto deportivo. No sólo se trata de un discurso en procura de la paz, sino que se debe ser coherente siempre. La conciencia también pasa por esto.

Es curioso, que a los miembros de la prensa los revisan minuciosamente antes de entrar al estadio, como si se tratara de agentes peligrosos y potenciales a generar violencia, pero los hinchas pueden ingresar todo tipo de artefacto que conllevan riesgo, sin hablar de las armas que también introducen con total libertad.

No más violencia. Urgen medidas. Comiencen por prohibir la presencia de las barras visitantes, ante el desbordado panorama. El país ya está cansado de este flagelo que va mermando y acabando con los venezolanos de bien. Si en realidad quieren al fútbol, háganlo ya.

Hoy fue el Lara, ayer Monagas, antes Anzoátegui, Táchira, Caracas, Aragua, Carabobo. El fútbol entero está incurso en esto. Así sea, por una vez en la vida, los clubes deben actuar unidos, como si fuesen socios de un mismo negocio. Dejen de lado las diferencias y no maten la gallinita de los huevos de oro. No maten al fútbol, por favor.

viernes, 2 de septiembre de 2011

El fútbol también se rebeló


* El balompié estuvo muy presente en el conflicto libio. Los rebeldes lucieron uniformes de sus equipos favoritos. La selección de ese país no detuvo sus encuentros para la Copa Africana de Naciones, seguramente cambiará su color verde por el nuevo estandarte tricolor

El fútbol ha estado ligando de una u otra manera en los acontecimientos que ha devenido en la caída del dictador libio Muamar Gadafi y la llegada de una revolución. El balompié mostró sus vínculos en todo momento en Libia. Es común ver a los rebeldes libios, portar camisetas de sus equipos europeos favoritos, en lugar de uniformes militares.

Los libios aman al fútbol, como el resto de los pueblos árabes y tienen a las estrellas mundiales como sus máximos ídolos. Es el caso de los astros del FC Barcelona, Lionel Messi y Daniel Alves, muy presentes en cualquier punto de la guerra, con sus camisas distintivas.

Cuando en febrero se inició la revuelta en Bengasi, el torneo de fútbol local se suspendió. El estadio de la ciudad de Benina, a 20 kilómetros de Bengasi bautizado ‘Hugo Chávez’, fue tomado por los rebeldes y pasó a llamarse ‘Mártires de febrero’. El campo, inaugurado en 2009 con el nombre del presidente venezolano, fue renombrado en honor a las primeras víctimas de la revuelta contra el dictador libio.

Durante el transcurso de la guerra, el pasado 25 de junio, un grupo de 17 figuras del fútbol libio junto a Adel bin Issa, técnico de Al Ahly - principal club de Trípoli - anunciaron que se unían a la insurgencia. Entre los nuevos sublevados estaban cuatro miembros de la selección libia.

“Gadafi no ha hecho nada por Libia”, sostuvo, en aquella oportunidad, el portero del equipo nacional Juma Gtat. La llegada de los futbolistas fue recibida con júbilo por los insurgentes, y de paso les dio una inyección de moral a su causa.

La selección libia, al momento de iniciar el conflicto, era dirigida por el brasileño Marcos Paquetá, que abandonó su cargo por la situación y fue reemplazado por el serbio Branko Smiljanic. Libia ha venido cumpliendo con los encuentros internacionales clasificatorios a la Copa Africana de 2012.

Ante la imposibilidad de jugar en el país, los jugadores se han desplazado hasta Bamako, capital de Malí, donde juegan de local. El 3 de septiembre jugarán con Mozambique un juego crucial por clasificar. La Copa Africana de Naciones, que debía hacerse en el 2013 en Libia, será posiblemente organizada por Sudáfrica, debido a las consecuencias de la guerra.

Por ahora, en la página de la FIFA Libia sigue preservando la bandera verde, la de Gadafi. La selección, que se le conoce como ‘los verdes’, seguramente pronto cambiará el uniforme y el estandarte, por el tricolor que hoy enarbolan los rebeldes triunfadores.