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viernes, 2 de marzo de 2012

Un juego para la revisión profunda


Seguramente, César Farías debió ser el que más molesto estaba el miércoles tras el descalabro ocurrido en Málaga ante España. De alguna, manera, el seleccionador nacional lo reflejó al calificar lo ocurrido en La Rosaleda como vergonzoso. No es para menos. Lo visto ha sido el punto más flaco en la era del técnico.
Una cosa es cierta de lo que dijo el DT y es que Venezuela ya ha sabido salir de situaciones adversas, en alusión al momento más crítico que tuvo en el banquillo de la vinotinto, cuando hilvanó tres derrotas salidas en 2008, que lo colocó al borde del despido.
            Lo ocurrido ante los campeones del mundo y Europa obliga a una revisión de muchas cosas. El mismo técnico ya ha abierto esa reflexión al decir que tendrá un tiempo para el "análisis individual". Ha sido una lección dura, que debe dejar enseñanzas y el propio entrenador es el primero que debe asumirlas. Sabe que lo que pudo planificó para este partido se fue al piso y su mensaje no caló en nada.
            España puede desnudar las falencias de la mejor selección, y a Venezuela, le fue fácil descubrir sus puntos más sensibles. La vinotinto sufrió mucho cuando los españoles le hizo circular la pelota en sus narices, sin poderla tomar. Esa dinámica y automatismos perfectos desquiciaron a la selección. Los balones entrelíneas fueron cuchillos cortantes, ante una defensa que fue incapaz de saber achicar para la reducción del espacio. En ese sentido, la defensa completa se vio desbordada. Ni Fernando Amorebieta, ni Oswaldo Vizcarrondo supieron solventar el peligro.
Por consiguiente, se debe iniciar un  proceso para la revisión y la recomposición, en todas las facetas de juego y en todas las líneas de campo. España destapó una serie de deficiencias, sobre todo en algunas posiciones que pueden ser críticas. En primer lugar, Rubert Quijada estuvo igual de mal que el resto de sus compañeros, quizás víctima de su inexperiencia. Pero su presencia fue solo un accidente. La ausencia de Andrés Rouga por los motivos ya conocidos, motivó a su alineación en el once titular.
            Esto obliga a replantearse la posibilidad del retorno de Gabriel Cichero, ausente en este encuentro y los anteriores por no haberse presentado en unos entrenamientos en Puerto La Cruz. No es un secreto que no abunda mucho talento en esa demarcación y desde la época de Jorge Rojas y Jonay Hernández, no ha habido estabilidad en esa posición, justo hasta la llegada del menor de los Cichero.
Se busca un 5
            Otro de los puntos sensibles es quién puede acompañar a Tomás Rincón en la primera línea de volantes. Miguel Mea Vitali no estuvo a la altura. Fue desbordado con facilidad y no dio muestras para estar en la exigencia del ritmo internacional. Era una oportunidad única que tenía el volante del CD Lara, y quizás la haya podido perder.
            Pero el panorama en este puesto tampoco es halagador. Por allí han desfilado varios futbolistas pero ninguno con la regularidad o continuidad con suficiente jerarquía. La lesión de Franklin Lucena pudiera pesar más de lo que se cree. Al parecer, no hay alguien quien tenga la capacidad para el quite y que pueda aportar una salida limpia. No hay un nombre que sea unánime para este puesto. Se trata de una labor muy complicada cuya solución será muy difícil para el seleccionador.
            También se falló en la salida, y ante un elenco con el linaje de España, se paga y la vinotinto lo pagó muy caro. La actitud general preocupó, pero es difícil creer que este es el verdadero nivel de la selección nacional, cuando ha tenido presentaciones de gran nivel, como fue la Copa América pasada y los primeros encuentros de la eliminatoria.   
Pero algo debe quedar claro. Contra Uruguay no se puede jugar con tantas facilidades y siendo tan bondadosos, porque el descalabro puede ser aún más doloroso, al tratarse de la competición oficial. Habrá que revisar si este planteamiento táctico es el indicado cuando toque enfrentar a los charrúas. Por lo visto no. Se requiere copar todas las rendijas y morder como no se hizo en Málaga. Ser más feroces y menos dóciles. Explotar la condición física y la personalidad, características propias de los equipos de Farías y que permitieron sacar pecho en la Copa América. Por ahora, este juego tiene que dejar un sinnúmero de enseñanzas, para corregir y no dejar nada al aire para cuando se retome la eliminatoria. Allí, en la disputa de los puntos, una experiencia similar no puede repetirse, pues el crédito sumado puede comprometer cualquier aspiración.

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