Barinas, la
ciudad marquesa de Venezuela tienen un nuevo hijo ilustre. Un chico que
seguramente no podrá identificar en un mapa, la nueva localidad que lo adoptó. El pasado martes, horas antes del encuentro
entre Zamora FC y Boca Juniors, el alcalde de esa ciudad, Abundio Sánchez
adoptó a un nuevo hijo para su ciudad. No, no era uno de los integrantes de
club blanquinegro, sino el capitán y buque insignia de su rival, Juan Román
Riquelme. Seguramente, el dirigente político es fanático del fútbol y es
posible que sea seguidor del cuadro xeneize. Que haya podido disfrutar los
triunfos del 10 boquense en su ya larga trayectoria. Pero no se puede calificar
lo realizado por ese señor, de otra forma sino como una verdadera torpeza por
donde se le vea.
En la Venezuela
de hoy, pareciera que un reconocimiento de esta majestad lo recibe cualquiera y
como sea. Lo primero que hay que preguntarse es qué ha hecho el señor Riquelme
por esa ciudad y sus pobladores para recibir ese honor. Evidentemente nada.
¿Cuáles son los méritos del argentino para con Barinas? Ninguno.
Lo segundo es aún
peor. ¿A quién se le ocurre hacerle un reconocimiento a un futbolista del
equipo contrincante de tu ciudad, el mismo día en que se enfrentan?
Evidentemente, la noticia no cayó bien en el plantel y tampoco en la afición.
El hecho quedó bien reflejado, con los abucheos cada vez que el jugador tocaba
la pelota. Es como si se hubiera rendido a los pies de su enemigo. Este es el
país de las cosas increíbles, pero el señor Sánchez se pasó de la raya.
Por cierto, que
los jugadores barineses del Zamora FC están esperando todavía las casas que el mismo alcalde les prometió
en un cabildo abierto, cuando el equipo se tituló campeón del torneo Clausura
de 2011. A uno le viene a la memoria el padre José María Vélaz, fundador de Fe
y Alegría, quien murió a orillas del río Masparro en 1985, trabajando en una de
sus últimas obras, una escuela granja para los niños más necesitados de
Barinas. Nunca recibió una distinción similar a la que recibió el
argentino.
Apartando a la
afición en Barinas que en buena medida, son personas honradas amantes de sus
colores, uno no deja de entender por qué ocurren hechos allá, que manchan lo futbolístico. A
este hecho bochornoso, no hay que olvidar que el presidente del Zamora FC tiene
un veto contra algunos periodistas, porque simplemente no les gusta cómo
opinan. Trata de coartar la libertad de prensa, con las más viles medidas.
Quién sabe si lo
que hizo el alcalde de Barinas, le genere un costo político para el futuro, pero
seguro no habrá sumado muchos adeptos a su causa como semejante despropósito.
Quizás en aras de
la reciprocidad y para no perder la costumbre, Mauricio Macri, alcalde de
Buenos Aires y otrora presidente de Boca Juniors, también declare hijo ilustre
de la metrópoli porteña, a alguno de los jugadores del Zamora FC en el juego de
vuelta. El 21 de marzo es la fecha. Que preparen todo para el magnánimo evento
y se corone al rey de Buenos Aires, porque el de Barinas, ya existe.

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