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viernes, 2 de marzo de 2012

Todos somos enemigos


Todo parece indicar que se va a tener que jugar sin público visitante en los estadios. No hubo forma de evitar que esta medida drástica vaya a suceder. Los constantes hechos de violencia en los estadios y sus alrededores, y las reiteradas ocasiones en que los equipos han demostrado su incapacidad para garantizar la seguridad en los recintos, van a hacer finalmente que la Federación Venezolana de Fútbol, asuma lo que desde hace tiempo era un clamor.
Hay muchas cosas que han quedado demostradas. Lo primero es que definitivamente existen aficionados que no quieren comportarse como ciudadanos decentes cuando val al estadio. Son delincuentes con camisetas de los equipos. Lo segundo que los clubes siguen sin asumir sus propias responsabilidades. No hay manera que exista un mea culpa cuando los hechos violentos los superan. Buscan excusas de todo tipo y generalmente apuntan con su dedo al equipo rival y a los propios medios de comunicación social. Se tiran a matar en sus propias declaraciones. Jamás desde un club, se va a escuchar que tuvieron fallas en sus operativos. Nunca habrá una autocrítica seria. Así jamás se podrán entender. Lo tercero, los clubes son en esencia, violadores constantes del propio reglamento que los rige. La gran mayoría de los clubes hacen caso omiso a las ordenanzas a las que están obligados. Se les olvidan que también son responsables de lo que sus barras hagan en otros estadios. Son pocos los que llevan un registro de sus seguidores, algo que está especificado como de estricto cumplimiento en las normas reguladoras. Cuarto, la Federación Venezolana de Fútbol es tan irresponsable como los clubes por no haber asumido medidas más duras desde hace tiempo. Su mano blandengue, alcahueta e incapaz ha hecho que los hechos se repitan y se agudicen en algunos casos.  No se puede ser tan insensato con la repetición de los hechos violentos.
La medida va y seguramente. Ahora bien, ¿Qué pasará luego? Se entiende que esta medida será temporal, pero no hay nada claro en que los clubes realmente asuman sus responsabilidades. De que en definitiva, tengan la capacidad de tener el compromiso de llevar a cabo la organización de un espectáculo público, sin que ocurran incidentes que afectan la seguridad de los asistentes y no causen daños a los bienes públicos y privados.  En este momento, nada hacer creer eso. En los equipos hay miedo, miedo a asumir medidas duras. Sus declaraciones de prensa timoratas y llenas de lugares comunes así lo señalan. Nadie se atreve a señalar a sus propios seguidores.
Mientras el Caracas FC permitía que sus barras exhibieran pancartas en reclamo por entradas más baratas cuando van de visitante, no se les estaba permitiendo el ingreso a los aficionados del Carabobo FC, por los enfrentamientos que se estaban suscitando en los alrededores del estadio de la UCV. Sencillamente porque no tenían una respuesta adecuada para impedir que las barras se enfrentaran. Qué ironía y qué hipocresía. El Carabobo también se lava las manos por los hechos de sus seguidores en Caracas, como si el asunto no fuera con ellos.
Cuando el CD Lara señala al Aragua FC, y éste a su vez al anterior de comenzar los disturbios en Maracay, queda demostrado que ninguno está interesado en asumir sus propias culpas.  De igual forma, si El Vigía culpa al Deportivo Táchira, y éste al otro, todo queda en lo mismo. Todos somos enemigos.  
Hay dos cosas que están muy claras. Que el fútbol se está convirtiendo en un espectáculo peligroso. En una aventura con riesgos para quien asiste. Y que estos hechos demuestran que hay una cadena de incapacidades sumadas unas tras otra. Pero en esencia, el problema está en el hincha. Si no hay intención de parar esto, es poco lo que se puede hacer. Se llegará a donde nadie lo desea. El futuro del fútbol se avizora muy mal en este sentido, porque ahora todos somos enemigos.
 

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