Todo parece
indicar que se va a tener que jugar sin público visitante en los estadios. No
hubo forma de evitar que esta medida drástica vaya a suceder. Los constantes
hechos de violencia en los estadios y sus alrededores, y las reiteradas
ocasiones en que los equipos han demostrado su incapacidad para garantizar la
seguridad en los recintos, van a hacer finalmente que la Federación Venezolana
de Fútbol, asuma lo que desde hace tiempo era un clamor.
Hay muchas cosas
que han quedado demostradas. Lo primero es que definitivamente existen
aficionados que no quieren comportarse como ciudadanos decentes cuando val al
estadio. Son delincuentes con camisetas de los equipos. Lo segundo que los
clubes siguen sin asumir sus propias responsabilidades. No hay manera que
exista un mea culpa cuando los hechos violentos los superan. Buscan excusas de
todo tipo y generalmente apuntan con su dedo al equipo rival y a los propios
medios de comunicación social. Se tiran a matar en sus propias declaraciones.
Jamás desde un club, se va a escuchar que tuvieron fallas en sus operativos. Nunca
habrá una autocrítica seria. Así jamás se podrán entender. Lo tercero, los
clubes son en esencia, violadores constantes del propio reglamento que los
rige. La gran mayoría de los clubes hacen caso omiso a las ordenanzas a las que
están obligados. Se les olvidan que también son responsables de lo que sus
barras hagan en otros estadios. Son pocos los que llevan un registro de sus seguidores,
algo que está especificado como de estricto cumplimiento en las normas
reguladoras. Cuarto, la Federación Venezolana de Fútbol es tan irresponsable
como los clubes por no haber asumido medidas más duras desde hace tiempo. Su
mano blandengue, alcahueta e incapaz ha hecho que los hechos se repitan y se
agudicen en algunos casos. No se puede
ser tan insensato con la repetición de los hechos violentos.
La medida va y
seguramente. Ahora bien, ¿Qué pasará luego? Se entiende que esta medida será
temporal, pero no hay nada claro en que los clubes realmente asuman sus
responsabilidades. De que en definitiva, tengan la capacidad de tener el
compromiso de llevar a cabo la organización de un espectáculo público, sin que
ocurran incidentes que afectan la seguridad de los asistentes y no causen daños
a los bienes públicos y privados. En
este momento, nada hacer creer eso. En los equipos hay miedo, miedo a asumir
medidas duras. Sus declaraciones de prensa timoratas y llenas de lugares
comunes así lo señalan. Nadie se atreve a señalar a sus propios seguidores.
Mientras el
Caracas FC permitía que sus barras exhibieran pancartas en reclamo por entradas
más baratas cuando van de visitante, no se les estaba permitiendo el ingreso a
los aficionados del Carabobo FC, por los enfrentamientos que se estaban suscitando
en los alrededores del estadio de la UCV. Sencillamente porque no tenían una
respuesta adecuada para impedir que las barras se enfrentaran. Qué ironía y qué
hipocresía. El Carabobo también se lava las manos por los hechos de sus
seguidores en Caracas, como si el asunto no fuera con ellos.
Cuando el CD Lara
señala al Aragua FC, y éste a su vez al anterior de comenzar los disturbios en
Maracay, queda demostrado que ninguno está interesado en asumir sus propias
culpas. De igual forma, si El Vigía
culpa al Deportivo Táchira, y éste al otro, todo queda en lo mismo. Todos somos
enemigos.
Hay dos cosas que
están muy claras. Que el fútbol se está convirtiendo en un espectáculo
peligroso. En una aventura con riesgos para quien asiste. Y que estos hechos
demuestran que hay una cadena de incapacidades sumadas unas tras otra. Pero en
esencia, el problema está en el hincha. Si no hay intención de parar esto, es
poco lo que se puede hacer. Se llegará a donde nadie lo desea. El futuro del
fútbol se avizora muy mal en este sentido, porque ahora todos somos enemigos.

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