Según el
diccionario de la RAE, tolerancia es el respeto a las
ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a
las propias. Es decir, se trata de un principio básico para la convivencia, y
como principio no conlleva ninguna discusión.
La violencia que se vive en el fútbol parte precisamente de no ser
tolerante. De no respetar al equipo rival y a sus seguidores.
La semana pasada, el mundo del balompié,
estuvo particularmente sacudida por lamentables sucesos de violencia, como el
acaecido en Egipto, en un partido de la liga local, así como los hechos registrados en Barinas,
durante el encuentro entre Zamora FC y CD Lara. También hubo un gesto de irrespeto por parte
de seguidores del Caracas, hacia los periodistas que cubrían el reconocimiento
de campo del Peñarol en el estadio Olímpico de la UCV.
Todos estos hechos son el último eslabón
de un proceso de intolerancia que se van gestando desde niños, en el momento de
hacerse seguidores de un equipo. Cuando
un joven o niño reclama o censura a una persona por llevar una camiseta de otro
equipo, ya es la primera muestra de intolerancia. Lo peor es que imitan una
conducta que ven en otros. Son víctima de su propia ignorancia. En el fondo, no
saben que irrespetan a otra persona, como lo hace un activista político en
contra de otro, por el simple hecho de no pensar de la misma forma. Las
personas van al estadio como le da la gana de ir. Nadie tiene derecho a
reclamar por cómo va vestida, como nadie tiene el derecho de decir como debes
pensar o qué es lo que debes comer. La libertad es otro principio que también
se vulnera.
Su ignorancia es tal que no saben que ese
simple gesto de intolerancia, puede desembocar en los sucesos como los
ocurridos en Port Said o Barinas. Lo peor es que argumentan cosas que no tienen
sentido, cuando se le recrimina tal actitud. Señalan que se debería apoyar al
fútbol nacional y que no deben portar una camisa distinta. Lo que no entienden
es que si la persona es feliz llevando una camisa de fútbol de cualquier parte
del mundo, nadie tiene el derecho a criticarlo. Nadie tiene el derecho de
vulnerar su libertad de elegir y de ir vestido como quiera. Si estos
intolerantes creen que van a sumar adeptos a la “causa del fútbol venezolano”
con esos gestos, se equivocan. Por el contrario, terminarán de alejar a las
personas porque verá que quienes van a este espectáculo, son unos trogloditas,
cargados de odio. Unos montaraces
incapaces de respetar.
El fútbol venezolano no puede parecerse en
esa materia al de resto de Sudamérica. Ese modelo es el que no se debe apoyar.
Se debe resguardar el espectáculo o se irá por el camino equivocado con
consecuencias nefastas.
Qué flaco favor le hacen estos idiotas a
los equipos que apoyan. Ya raya en lo ridículo y tonto esas estériles
campañitas en contra de la violencia, donde jugadores salen con franelitas
pidiendo paz. Eso no sirve. Las acciones van por otro lado. Atrévanse. De lo
contrario, este columnista va terminar pensando que, ante tanta desidia y oídos
sordos de quienes tienen que tomar medidas en contra de estos desadaptados,
existe una sociedad complaciente que aúpa y apoya a los violentos. Si no es
así, actúen, pero ya por favor.

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