Venezuela
sumó su primer punto en las eliminatorias, en lo que pudo ser tres. Pero como
suele suceder al fútbol de este país, las desatenciones de último momento,
suelen tirar al traste lo que pudo ser un triunfo. Le sucedió al Caracas FC en
dos ocasiones en los últimos tiempos, por lo que no ha de extrañar que suceda
también a nivel de la selección nacional. Las caras de rabia de los futbolistas
así lo reflejaban, tras el gol peruano de Raúl Ruidíaz. Querían la victoria,
porque la necesitaban (la necesitan) o porque de algún modo, era su forma de
callar bocas, (de dirigentes, prensa y afición) esas que han sido muy críticas
con ellos, por el pobre desempeño que ha habido y porque los han señalado de corresponsables
de los problemas extrafutbolísticos.
Pero la
actuación en Lima, más allá del amargo empate, dejó aspectos que al menos lavan
un poco lo que ha sido esta eliminatoria para el olvido. Para comenzar, los
misterios gloriosos, a propósitos de la Semana Santa. Lo principal fue la
llegada de savia nueva y su actuación positiva. Juan Pablo Añor, Mikel
Villanueva, Adalberto Peñaranda dieron una imagen que pone un poco de optimismo
a una selección que sigue siendo la última de Sudamérica y que sigue estando
con una deuda enorme de juego.
El hijo
menor de Bernardo trajo consigo manejo de los tiempos, pausa y una pierna
izquierda, ideal para un perfil zurdo. También aportó cierta profundidad. Es de
esos volantes que se atreven a pisar el área. Al jugador del Málaga fue a quien
derribaron para el penal que puso el 1-0. Su juego careció de consistencia,
algo entendible en un debutante y todavía carece de trabajo con los compañeros.
Su llegada a la Vinotinto será para estar por mucho tiempo. Lástima y no se le
abrió la puerta antes, cuando lo merecía. Parece carecer ángel, tal y como le
pasó en el malogrado Sub-20 de Argentina, cuando inexplicablemente Marcos
Mathías, nunca lo puso. Hay cosas de los que están en el fútbol, que formarán
parte de los misterios más oscuros.
Siguiendo
con el lado positivo, está la actuación de Mikel Villanueva. No es Branco, ni
Roberto Carlos, pero este joven tiene todo el potencial para ser el dueño
absoluto del lateral izquierdo. Ha sido una posición que ha carecido de
estabilidad desde los tiempos de Jonay Hernández y eso, ya hace más de un
lustro. Tiene tamaño, va bien en el juego aéreo, suele no complicarse y se suma
en las jugadas de táctica fija, tal y como lo hizo para anotar el segundo gol de
Venezuela. Por lo menos, alienta la ilusión.
Peñaranda
entró al estadio Nacional de Lima, con el mismo desparpajo, que desborda en
cada jornada de la liga española con el Granada. No da muestras de sus 18 años.
Pisa el área contraria, presiona, conduce y busca establecer sociedades. Tiene
condiciones para ser una estrella. Para ser uno de los que aportará en el
futuro con la selección nacional. Por ahora, que siga su maceración de forma
inteligente.
Siguen los
misterios gozosos, esos de quienes tuvieron buena actuación, sin ser
sobresalientes. Aquí destaca Ángel Farías, quien cumplió en su función de
marcador de punta derecha. No es un virtuoso de la posición. No destaca por sus
proyecciones, pero trabaja y cumple en la marca. No pudo alcanzar para el centro
final, que a la postre, significó el amargo empate contra Perú.
Wilker Ángel es aquel jugador que goza de
simpatizantes, como de detractores. Su actuación no deja indiferente a nadie.
Es de los que puede lucir en grande en una jugada y a la siguiente se convierte
en el villano más vil. Contra Perú actuó en ambas. Fue contundente en la
defensa. No dio respiro a Pizarro y Guerrero. Pero en algunas jugadas, descuidó
su marca. De cabeza es tan bueno como peligroso para su propio equipo. Un
frentazo suyo obligó a Gallese a una espectacular parada del portero rival.
Pero en otro casi convierte en su arco. Con
o sin él, la defensa sigue siendo un problema mayor para esta selección, que
tiende a desordenarse cuando es presionada.
Rómulo Otero
tiene las condiciones para ser un jugador referente en la selección. Tiene
pegada, un disparo de media distancia que ya es su tarjeta de presentación. Con
un par de misiles salidos de sus botas, complicó al arquero peruano. Pero es un
jugador intermitente. Tiende a desaparecer por pasajes en el partido. Tiene que
ser más protagonista. Tiene que tomar la manija de la ofensiva. Su
desequilibrio es requerido por un equipo, que sigue estando carente de juego,
de automatismos. Cuando no hay respuestas tácticas, es el momento que debe aparecer
las individualidades como la de Otero.
Fue quizás
la mejor actuación de Arquímides Figuera vistiendo de vinotinto. Cortó como
nunca el primer pase de Perú. Además la entregó sin complicarla, supo ejercer
presión en la salida del rival, cuando la selección vivió los mejores momentos
del primer tiempo. El desgaste le pegó al final y le costó reposicionarse ante
el empuje peruano. No es un jugador brillante que dejará con la boca abierta,
pero al menos cumplió con la confianza que le depositó Sanvicente.
No fue el
mejor juego de Tomás Rincón, y eso es raro decirlo. Su constancia que le
caracteriza, no fue la de siempre. Mostró su acostumbrada entrega, lucha y
personalidad. Se multiplicó para cerrar espacios y resquicios dejados por sus
compañeros. Pero entregó en varias ocasiones de manera errada y se unió al coro
de quienes no sostuvieron el balón cuando el equipo estaba arriba en el
marcador 2-1. Se apresuró en entregarla rápido y fallaba en la entrega.
Josef
Martínez comenzó muy bien, siendo una segunda punta que generó peligro. De sus
botas vino un remate que fue el inicio de los mejores momentos de Venezuela, en
el primer tiempo. Luego, se desvaneció y perdió fuelle para ser reemplazado.
Llegaron también los ejecutantes de los
misterios dolorosos. Esos que no estuvieron a la altura o que no tuvieron la
mejor de las actuaciones. Alain Baroja es un arquero que guarda condiciones
excepcionales. Pero ha tenido nuevamente responsabilidad en los goles
encajados. Pudo haber hecho más en el primer gol de Perú. El remate de Guerrero
fue a su cuerpo y no tuvo la debida reacción. Un arquero de la medianía la hubiera sacado. Nadie duda de su calidad, pero quizás no esté todavía para la
responsabilidad de asumir el arco de la Vinotinto. Y esto coincide con la
exclusión de Dani Hernández, sin ninguna razón. Aquí hay que revisar si la
decisión fue la correcta. Por ahora,
jornada a jornada, parece que no.
Salomón
Rondón fue centro de atención y calentó el ambiente previo, no por su
actuación, sino por lo que dijo sobre la necesidad de cambiar a los directivos
de la Federación Venezolana de Fútbol. Tenga o no sus razones, lo cierto es que
no fue ni la sombra del delantero que es. Solo apareció en un centro preciso
para Martínez. De resto, bregó sin mucho éxito. Lo peor es que no podrá estar
contra Chile, luego de la estúpida tarjeta amarilla que le sacaron, al demorar
su cobro de tiro libre. A este nivel, eso no debe suceder.
Alejandro
Guerra entró al juego con la tarea de tener la pelota. La de conducir y manejar
el balón, como una manera de defenderse con la redonda y preservar hasta
entonces, la ventaja mínima en el marcador. Pero no cumplió. Por el contrario,
quiso deshacerse del balón de manera apresurada. Apenas la recuperaba Venezuela,
tanto él como los demás, no querían tenerla y se deshacían del balón con pases
largos sin sentido y centros sin orientación. Esta asignación reprobada fue la
puerta del empate peruano. Tampoco se sintió ubicado a la hora de defender. No
sabía cómo hacerlo y mucho menos dónde. Guerra debe ser el mismo que se le ve
con el Atlético Nacional, donde asume la conducción y liderazgo.
Está claro
que la Vinotinto no fue la apática y discreta selección de los primeros cuatro
encuentros de la eliminatoria. Sigue careciendo de aspectos fundamentales de
juego. No hay automatismos ni una idea que cumplir dentro del campo. Eso se pudiera
ahora justificar ante la renovación que ha iniciado Sanvicente. Hay al menos
sangre nueva dispuesta a hacer otras cosas. Rusia 2018 está tan distante que se
desvaneció como objetivo. Solo las matemáticas alimentan el sueño a quienes
mantienen una ilusión, lejos de la realidad. Se trata de cifras casi imposible
de cumplir. El técnico lo sabe, pero no lo ha afirmado, porque quizás no sea lo
políticamente correcto. Pase lo que pase con él, lo que ahora acontezca en la
selección nacional será pensando en Catar 2022.

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