No tuve la ocasión de
trabajar con Antonio Guerra, pero sí la dicha de compartir gratos momentos en
un par de viajes, esos se guardan en un lugar especial en la memoria. Uno fue a
Maracaibo, para ver al UAM enfrentar al Boca Juniors en la Copa Libertadores
de América, y otro a Río de Janeiro, para presenciar la final de 2008 en el
mítico Maracaná entre Fluminense y Liga de Quito. En esa ‘Cidade Maravilhosa’
fue también la vida maravillosa, compartiendo lindas vivencias junto a Antonio
y al también colega Néstor Beaumont. Compartimos la alegría de los periodistas
colombianos, al conocer la liberación de los secuestrados en aquella operación
‘Jaque’.
Antonio, pese a sentir
predilección por el beisbol, tenía un sólido conocimiento del balompié. Admiraba
mucho el fútbol argentino y deseaba que el venezolano diera ese paso
exponencial de crecimiento. “¿Cuándo iremos a un Mundial?”, me preguntaba como
quien esperara ese momento con especial ilusión. En sus artículos de opinión y
editoriales, fue crítico con las desacertadas situaciones que rodeaban al
balompié nacional, todos bien fundamentados y cuyos señalados no encontraban
cómo debatir o hacerle frente. Marcó pauta para quienes como yo, seguíamos
desde otra tribuna, su labor en Líder. Su ascenso en
el periodismo fue tan rápido como su partida inesperada.
Fueron pocos pero
imborrables los momentos junto a alguien, que adoraba al deporte en cualquier
de sus expresiones. Lo extrañaremos como nunca en el próximo viaje.

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