Si usted amigo lector, no ha sido víctima de la inseguridad que reina en este país, considérese no sólo un afortunado, sino alguien que puede ser producto de un milagro. Este flagelo que agobia Venezuela, cada día se expande dentro un mar de impunidad por la inacción de las autoridades. La inseguridad incluso, se ha convertido en una de las causas del porqué muchos venezolanos deciden emigrar del país.
Se habla entonces de una nación sentida y enferma, producto de la violencia que sacude las calles día a día. En el fútbol, este problema encuentra un caldo de cultivo perfecto para su reproducción y expansión a todas sus anchas. Si en la calle hay impunidad, en el balompié existe un total desinterés en el tema. En medio de esa desidia y falta de conciencia de sus autoridades, los violentos actúan sabiendo que no les pasará nada. Más allá de copiar modelos y actitudes de otros países, la violencia de los hinchas es alimentada por los mismos clubes, quienes con prebendas y favores, benefician a estos violentos, creando prácticamente brigadas de choque.
El nuevo episodio en Barquisimeto vuelve a levantar las pocas voces de quienes son conscientes que la violencia no trae nada bueno. Sin embargo, el grito desesperado por quienes piden que se actúe, se apaga, en medio de la enorme desidia y falta de conciencia.
¿Cuántas veces se ha escuchado de que ahora sí se va a actuar? ¿Por qué se viola la normativa sobre registro de hinchas y medidas de seguridad que la misma Federación Venezolana de Fútbol elaboró? ¿Por qué no se ha tomado medidas más certeras para acabar con este problema? ¿Por qué no existe colaboración del Estado venezolano para ayudar a combatir a los violentos? ¿Cómo se invita a la afición a acudir si va encontrar en el estadio, violencia y vandalismo? ¿Por qué no hay un solo preso por los continuos episodios de violencia en el fútbol?
Muchas preguntas y ninguna respuesta. La responsabilidad pasa porque los mismos clubes alientan a los violentos. Dan la impresión que prefieren al hincha de una barra - ese que entra sin ningún control, con aerosoles para hacer llamaradas, que tanto hace feliz a los comentaristas de TV y a los mismos directivos de los equipos – que al aficionado que quiere ir en familia y en sana paz.
Prefieren al hincha que va armado con cuchillos, machetes, bajo los efectos de las drogas, y que va generar problemas, que al que solo asiste para presenciar un juego de fútbol. Esa es la verdad.
La TV y muchos radios del interior del país tienen mucha culpa en esto. Es un acto de irresponsabilidad mayúsculo cómo alientan y aplauden a estas barras, disfrutando de sus espectáculos luminosos, sabiendo que lo hacen con elementos peligrosos, que no se puede ingresar a un recinto deportivo. No sólo se trata de un discurso en procura de la paz, sino que se debe ser coherente siempre. La conciencia también pasa por esto.
Es curioso, que a los miembros de la prensa los revisan minuciosamente antes de entrar al estadio, como si se tratara de agentes peligrosos y potenciales a generar violencia, pero los hinchas pueden ingresar todo tipo de artefacto que conllevan riesgo, sin hablar de las armas que también introducen con total libertad.
No más violencia. Urgen medidas. Comiencen por prohibir la presencia de las barras visitantes, ante el desbordado panorama. El país ya está cansado de este flagelo que va mermando y acabando con los venezolanos de bien. Si en realidad quieren al fútbol, háganlo ya.
Hoy fue el Lara, ayer Monagas, antes Anzoátegui, Táchira, Caracas, Aragua, Carabobo. El fútbol entero está incurso en esto. Así sea, por una vez en la vida, los clubes deben actuar unidos, como si fuesen socios de un mismo negocio. Dejen de lado las diferencias y no maten la gallinita de los huevos de oro. No maten al fútbol, por favor.

No hay comentarios:
Publicar un comentario