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viernes, 6 de mayo de 2011

Sábato también mostró su pasión por el fútbol


El fútbol también extrañará a Ernesto Sabato. Como muchos literatos latinoamericanos, el escritor argentino, recientemente fallecido, tuvo también una relación muy cercana con el balompié. Un idilio que comenzó justo cuando Sábato era un niño, y que se consolidó con su pasión por los colores de Estudiantes de La Plata y algún que otro relato dedicado al deporte rey.

Todo inició en 1924, cuando el autor deEl Túnel” se desempeñó en las categorías inferiores de Estudiantes de La Plata, a la edad de 13 años. Sábato había llegado a la ciudad platense en 1924 para hacer sus estudios de secundaria, y que luego proseguiría en la universidad al estudiar Física. “No era un virtuoso, hay que aclararlo y aceptarlo, pero iba y volvía y no daba pelota por perdida”, había dicho tiempo atrás, sobre sus pocas cualidades en la cancha.

En una entrevista en Radio Continental de Buenos Aires, comentaba jocosamente, que su carrera de futbolista terminó porque tenía la mollera (cabeza) blanda, al describir sus pobres condiciones para el juego aéreo. Debido a su poca virtuosidad de jugador, un día dejó el fútbol y se dedicó a las Matemáticas y la Física. Y otro día, ya en París, se hastió de los números, las fórmulas y la exactitud y se dedicó a escribir. Así definen en Argentina, las etapas por las que pasó aquel jugador regular al célebre escritor que fue en vida Sábato.

Distinto a Jorge Luis Borges, Sábato reivindicaba la labor de los deportistas. Fiel a su visión crítica confesó que “la gente tiene una idea errónea de lo que es un deportista, piensa que es un bruto. Pero la realidad es que el deportista tiene una gran cuota de inspiración, de repentización y de inteligencia en su tarea. Es dueño de un gran oportunismo, y tiene también una dosis de improvisación para resolver en situaciones inesperadas”.

El fútbol de colofón

El destino quiso que sus últimas apariciones en público fueran en un estadio. Una vez fue en el 2004, a propósito del Congreso Internacional de la Lengua en Rosario. El acto fue aprovechado por los jugadores de Rosario Central para homenajearle. Los futbolistas le entregaron la camiseta 10 con su nombre impreso en la espalda. Sábato declaró que sentía cierta simpatía por esos colores. Incluso, tuvo tiempo de visitar el “Gigante de Arroyito”, el estadio de Rosario Central. Se dice que fue una de las condiciones que puso para asistir al Congreso. Allí compartió con otro gran escritor y amante del fútbol, Roberto Fontanarrosa, reconocido hincha de Rosario Central.

Pero su verdadera pasión era por el “Pincharrata”, como se le conoce a Estudiantes de La Plata. Afirman, que la última vez que vieron a Sábato llorar en público, estaba sentado en la tribuna de la vieja cancha de Estudiantes. Fue también en 2004. Tenía entre sus manos temblorosas dos de sus libros, y al lado, un bastón. Todo el estadio repleto, cantaba “Sábatooooo, Sábatooooo”. Todos se fueron levantando de sus asientos poco a poco, para reventar al final en una interminable ovación dirigida a aquel señor que había llegado al estadio una hora antes para repartir entre la gente del fútbol algunas de sus obras.

En su ensayo “Fobal del grande”, Sábato recuerda en un relato a legendarios futbolistas que lo marcaron en su infancia como Manuel Seoane, conocido como “Chancha”, así como al arquero Américo Tesoriere y Domingo Tarasconi. El relato comienza así: “Una tarde, al intervalo, la Chancha le decía a Lalín: cruzámela, viejo, que entro y hago gol. Empieza el segundo jastáin, Lalín se la cruza, en efeto, y el negro la agarra, entra y hace gol, tal como se lo había dicho. Volvió Seoane con lo brazo abierto, corriendo hacia Lalín, gritándole: viste, Lalín, viste, y Lalín contestó sí pero yo no me divierto. Ahí tené, si se quiere, todo el problema del fóbal criollo”.

En su exitosa novela, “Sobre héroes y tumbas”, los personajes manejan la jerga el balompié y los relatos se funden con pinceladas futbolísticas.

En Santos Lugares, donde vivió desde su regreso a Argentina hasta su muerte, colaboró con el Club que se encuentre frente a su casa, “Defensores de Santos Lugares”, institución con la cual ayudó durante toda su estadía en esa ciudad. Con la partida de Sábato, las letras perdieron a un gran literato y el fútbol perdió a un gran futbolero.

Recuadro:

En su recuerdo

Un minuto de silencio se guardó en todos los encuentros de la duodécima fecha del Torneo Clausura del fútbol argentino, que se disputó el pasado fin de semana.

Una vez conocido el fallecimiento del novelista, la Asociación de Fútbol Argentino tomó la medida para rendirle un sentido homenaje, a quien fue amante del balompié.

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