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viernes, 20 de mayo de 2011

El milagro vino del llano

El triunfo del Zamora FC en el torneo Clausura es sin duda un milagro. Un prodigio que se labró porque hubo que superar situaciones económicas muy graves, que no avistaban solución. Un hambre que sólo supo amortizarse por la unión y el refugio en la fe, estimulada por su entrenador José de Jesús Vera, y recogida con humildad por el grupo de jugadores.

También fue un milagro porque se sumó un histórico título, con una plantilla de lo más normal, sin grandes estrellas, ni con una carga de favoritos a sus espaldas. Por el contrario. En nómina, salarios y confección de talento no se diferenciaba a cualquier otro. Nadie daba por ellos algún valor para este torneo. Se les ubicaba incluso para estar peleando el descenso. Es que haber quedado penúltimo en el Apertura daba razón a quienes así pensaban.

Pero el equipo de Barinas, de la mano de su entrenador, supo entender que las dificultades sólo se superan con trabajo. Por supuesto que la fe y el florecimiento de valores como la humildad, sencillez, la unión, entre otros; ayudaron a conjugar un equipo fuerte en lo mental. Pero lo más importante de todo esto fue la labor futbolística. Nada de lo conseguido se hubiera conquistado, si el equipo no hubiera tenido sobre todo, el propósito de jugar bien y hacerlo tal como pragmatizaba ‘Chuy’. Sin ello hubiera sido imposible le gesta.

La plantilla supo entender bien el libreto propuesto. Un fútbol de buen manejo, de tratar bien el balón, pero con conceptos muy propios, que Vera aprendió en su estancia por Europa. Además de la noción de fútbol exquisito y agradable a la retina, el técnico propuso un estilo muy directo. Una transición rápida, sin muchas alcabalas ni retenciones horizontales. Para ello, entendió que la mejor manera era sacarles el mejor provecho a sus jugadores de más talento. Con ‘Chiqui’ Meza reflotó el concepto del enganche, esa especie en extinción del fútbol moderno. Le dio libertad de movimiento, sin ataduras y comprendió que su ‘10’ era la forma más expedita de conseguir una salida rápida, y que a su vez, éste supiera alimentar con esa visión propia de los que portan ese dorsal, a los hombres de punta. Por cierto que fue el equipo más goleador, con un par de colombianos como Copete y Vélez, que aportaron a la causa.

Por otro lado, rearmó una defensa, optando por una línea de tres centrales, con un par de carrileros de mucho ida y vuelta. El resultado fue haber sido la valla menos goleada, contando desde luego, con el buen momento de Tito Rojas en el arco.

No se puede ser muy optimista que Zamora vaya a continuar para al menos participar juntos en la Copa Libertadores que merecidamente ganaron estar. Sus futbolistas de más talento ya son pretendidos por otros clubes, tanto nacionales como del exterior. Incluso el propio Vera advirtió que sólo estará donde esté la organización. Pero mucho más allá del propio y acostumbrado ir y venir de jugadores y técnicos en los equipos, lo que realmente preocupa en el Zamora FC, es que se pueda entender la necesidad de un proyecto. De una idea más afinada de tener una institución seria, responsable y que sepa asumir el rol que le corresponda. Su presidente está lleno de buenos deseos para con el club, pero la experiencia señala que deseos no preñan.

Siendo sinceros, a un club como Zamora, en una plaza como Barinas, le será muy difícil proseguir una línea de éxitos que pueda tener durabilidad en el tiempo. El dinero cada vez más determina el destino de los equipos. Lo importante es sembrar la semilla de una institución seria. Lo demás será entender que sólo se debe arropar hasta donde llegue la cobija. Lo ocurrido fue un milagro y nada más, pero estos también merecen disfrutarse.

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