En días pasados, la Comisión de Fútbol Sala de la Federación Venezolana de Fútbol dio una rueda de prensa para presentar la séptima edición de su campeonato nacional. Mucho más allá de las precariedades de forma sobre el inadecuado lugar escogido para dar la información, preocupa seriamente el fondo de esta disciplina, agobiada por la desidia y abandono de su propio ente rector. El presidente y secretario general de dicha Comisión trataron de explicar, quizás sin mucha fortuna, que en algún momento, este deporte tendrá carácter profesional y crecerá de todas sus instancias, en unos discursos lleno de buenas intenciones, pero carentes de cómo y cuándo.
Este columnista ha sido seguidor y testigo cercano del fútbol sala, desde que el deporte tuvo su crecimiento y apogeo en la modalidad de fútbol de salón, perteneciente a la Federación Venezolana de ese deporte, en la que se consolidó a través de una liga especial en todo el país con transmisión permanente a través de la televisión. Ese desarrollo desembocó en el título mundial que obtuvo la selección nacional en 1997, de la mano del sempiterno luchador Álvaro Guevara y el grupo de jugadores que le dieron realce al salonismo.
En el 2000, la FIFA ordena a sus asociados que deben arropar a todas las modalidades de fútbol existentes, llámese fútbol de salón y de playa. En consecuencia, la FVF dio un golpe certero a su par del fútbol de salón y le quitó todo el talento que tenía. Guevara y sus muchachos saltaron la talanquera y se fueron al seno de la FVF con la ilusión de querer ver cumplidas todas las promesas que les habían dicho en su nueva casa.
Sin embargo, hoy como en los inicios del mileno, la realidad es la misma. La disciplina deambula clandestinamente sin ningún apoyo de la propia Federación. Apenas puede sostener una liga incipiente, escondida y sin ninguna significancia. Guevara hace esfuerzos por lograr mantener el nivel, cada vez más difícil. Aún así consigue destacadas actuaciones a nivel internacional, pero él más que nunca sabe que el esfuerzo es insuficiente, si no se apoya esto como alguna se hizo, acuñada en otro ente federativo.
Es triste saber que siete ediciones después de una liga casi irreal, todavía hablen de profesionalización del deporte, sin que demuestren un plan para conseguir ese objetivo. No existen etapas de desarrollo, un cronograma en el tiempo para ir avanzado en ese norte. En definitiva no existe nada. La rueda de prensa fue el fiel reflejo en que se encuentra el fútbol sala. No hubo presencia del presidente de la FVF, ni tampoco de la directora de mercadeo y comercialización. Ni siquiera Guevara estuvo allí como para demostrar que a pesar de las adversidades, se debe seguir luchando. Los encargados de la disciplina piden apoyo de los medios, pero ¿cómo se puede apoyar a algo si ni siquiera lo apoya la Federación que lo ampara? Tampoco hicieron entrega de nóminas de los integrantes de cada equipo, y si los representantes de las divisas estuvieron presentes, nadie los conoció, porque simplemente no los presentaron. Incluso, hicieron entrega de información errónea al afirmar que la disciplina estará presente en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, cuando eso no es cierto. La única modalidad de fútbol aprobada por el COI es la de fútbol campo.
Así es muy difícil que el fútbol sala salga a flote. Apenas existe por la obligación emanada desde Zúrich y porque deben honrar compromisos económicos adquiridos con el Ministerio del Deporte, que les da una partida para poner en marcha la liga, y la preparación y participación internacional de las selecciones. Sin temor al error si, por la propia FVF fuera, la disciplina no existiera o se dejara de apoyar, pero esa orden de FIFA lo priva de cualquier aventura.
Esta es una nueva demostración del poco interés federativo para impulsar con criterios modernos de desarrollo y gerencia una disciplina. El propio fútbol de campo es víctima de las maneras y tratos de quienes están al frente de la FVF. Ojala que la Comisión de Fútbol Sala tenga éxito y pueda lograr todo lo que tenga planteado para su modalidad. Pero por lo visto, nada hace presumir eso y seguirá siendo algo oculto y furtivo. Definitivamente, deseos no preñan.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario