El nuevo
suceso de violencia acaecida en Barquisimeto, tras el encuentro entre CD Lara y
Caracas FC, destapa nuevamente al monstruo de la violencia que yace en el
fútbol. Los hechos surgieron luego de un pésimo arbitraje de Marcos Suárez, que
influyó en el resultado final del encuentro. Ciertamente, el colegiado fue
factor fundamental en el destino del cotejo, con su mala decisión de un penal
que no fue. Ciertamente, la sensación
que debían tener los jugadores del cuadro local y la afición, era que se les
había escamoteado. Se sentían estafados ante una sentencia que les quitaba el
dulce de la boca. Todo eso es válido sentirlo y decirlo. Mostrar la desazón y
la rabia, pero jamás a través de la violencia como de hecho ocurrió.
La
impunidad volvió a reinar en el coso de Cabudare cuando un grupo de aficionados
del Lara mal entendió que debía hacer justicia por su lado. Está claro que no
se trata de personas normales, ni mucho menos de gente decente. Se trata de
delincuentes que se hacen pasar por miembros de una barra. Que creen que tiene
patente de corso para actuar como ellos quieren y de la forma que quieren.
En los
tantos hechos de violencia en los estadios que han ocurrido en el fútbol
venezolano en los últimos años, no ha habido un equipo que se atreva a actuar
con firmeza y contundencia contra estos vándalos que delinquen. Ni siquiera se
atreven a llamarlos como lo que son: simples delincuentes. El que agrede a otra
persona, quien cause daño a un bien público es un delincuente. Existe un miedo
perenne en las instituciones para actuar contra esta gente.
Después
de tanto tiempo siendo alcahuetes de estos vándalos, otorgándoles dádivas de
todo tipo, facilitándoles entradas, transporte, preferencias en cualquier cosa,
los equipos ahora lucen como mansos corderos, víctimas de su propio invento.
Nadie ha tenido la mano dura para actuar.
Los
nuevos dueños del CD Lara han marcado distancia contra los violentos, tras los
hechos ocurridos. Afirmaron que desconocen la barra como propia y que no los va autorizar a que asistan a otro
estadio del país.
Ciertamente,
es una reacción poco común en dirigentes. Su debut en el fútbol tiene al menos
la intención de alejarse de los violentos. Eso está bien. Lo que quizás no
sepan los nuevos dirigentes del cuadro crepuscular, es que desde la misma
plantilla han consentido, mimado y estimulado a los miembros de esa misma
barra, de la que hoy tratan de marcar distancia. Sería bueno entonces, que bien
pudiera aleccionarse a los propios jugadores para dejarles claro, que mucho de
las cosas que hacen con estos señores no está bien. Que consentirlos como lo
hacen, es estimular a un monstruo que luego se escapa de control. Que sería muy
bueno que desde los jugadores emblemáticos del equipo, también saliera
declaraciones condenando a los violentos. El discurso debe ir siempre acompañado
de hechos.
Hoy
sigue habiendo hipocresía en mucho de lo que se dice. Se habla de muchas
medidas de control en los accesos a los estadios. Pero más que nunca, las
llamadas barras ingresan todo tipo de elementos prohibidos por el reglamento. Incluso,
sustancias estupefacientes que consumen libremente sin ninguna restricción. Y
lo peor es que lo hacen con la debida escolta y presencia de las propias
autoridades policiales.
Los
números hoy indican que las asistencias a los estadios van descendiendo en la
mayoría de los estadios. Que el público de bien se va alejando de los recintos
deportivos por varias razones. Una de ellas es sin duda, la violencia que se ha incrustado ante la
impunidad de quien debiera ejercer control.
Ojala y
tanta intención desde la dirigencia del Lara sea verdad. Que finalmente desde
una institución tomen las medidas para acabar con sus seguidores violentos. Un
primer paso bien pudiera ser el ejercer acciones legales contra ellos,
fácilmente identificables con los videos y fotografías exhibidas en estos días.
Sería un ejemplo que los va a dignificar. Pero la experiencia señala mucho
escepticismo. Si no hay consciencia, nunca habrá solución al tema. Solo queda
ver para creer.

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