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viernes, 8 de noviembre de 2013

Ver para creer



El nuevo suceso de violencia acaecida en Barquisimeto, tras el encuentro entre CD Lara y Caracas FC, destapa nuevamente al monstruo de la violencia que yace en el fútbol. Los hechos surgieron luego de un pésimo arbitraje de Marcos Suárez, que influyó en el resultado final del encuentro. Ciertamente, el colegiado fue factor fundamental en el destino del cotejo, con su mala decisión de un penal que no fue.  Ciertamente, la sensación que debían tener los jugadores del cuadro local y la afición, era que se les había escamoteado. Se sentían estafados ante una sentencia que les quitaba el dulce de la boca. Todo eso es válido sentirlo y decirlo. Mostrar la desazón y la rabia, pero jamás a través de la violencia como de hecho ocurrió.
La impunidad volvió a reinar en el coso de Cabudare cuando un grupo de aficionados del Lara mal entendió que debía hacer justicia por su lado. Está claro que no se trata de personas normales, ni mucho menos de gente decente. Se trata de delincuentes que se hacen pasar por miembros de una barra. Que creen que tiene patente de corso para actuar como ellos quieren y de la forma que quieren.
En los tantos hechos de violencia en los estadios que han ocurrido en el fútbol venezolano en los últimos años, no ha habido un equipo que se atreva a actuar con firmeza y contundencia contra estos vándalos que delinquen. Ni siquiera se atreven a llamarlos como lo que son: simples delincuentes. El que agrede a otra persona, quien cause daño a un bien público es un delincuente. Existe un miedo perenne en las instituciones para actuar contra esta gente.
Después de tanto tiempo siendo alcahuetes de estos vándalos, otorgándoles dádivas de todo tipo, facilitándoles entradas, transporte, preferencias en cualquier cosa, los equipos ahora lucen como mansos corderos, víctimas de su propio invento. Nadie ha tenido la mano dura para actuar.
Los nuevos dueños del CD Lara han marcado distancia contra los violentos, tras los hechos ocurridos. Afirmaron que desconocen la barra como propia  y que no los va autorizar a que asistan a otro estadio del país.
Ciertamente, es una reacción poco común en dirigentes. Su debut en el fútbol tiene al menos la intención de alejarse de los violentos. Eso está bien. Lo que quizás no sepan los nuevos dirigentes del cuadro crepuscular, es que desde la misma plantilla han consentido, mimado y estimulado a los miembros de esa misma barra, de la que hoy tratan de marcar distancia. Sería bueno entonces, que bien pudiera aleccionarse a los propios jugadores para dejarles claro, que mucho de las cosas que hacen con estos señores no está bien. Que consentirlos como lo hacen, es estimular a un monstruo que luego se escapa de control. Que sería muy bueno que desde los jugadores emblemáticos del equipo, también saliera declaraciones condenando a los violentos. El discurso debe ir siempre acompañado de hechos. 
Hoy sigue habiendo hipocresía en mucho de lo que se dice. Se habla de muchas medidas de control en los accesos a los estadios. Pero más que nunca, las llamadas barras ingresan todo tipo de elementos prohibidos por el reglamento. Incluso, sustancias estupefacientes que consumen libremente sin ninguna restricción. Y lo peor es que lo hacen con la debida escolta y presencia de las propias autoridades policiales.
Los números hoy indican que las asistencias a los estadios van descendiendo en la mayoría de los estadios. Que el público de bien se va alejando de los recintos deportivos por varias razones. Una de ellas es sin duda,  la violencia que se ha incrustado ante la impunidad de quien debiera ejercer control.
Ojala y tanta intención desde la dirigencia del Lara sea verdad. Que finalmente desde una institución tomen las medidas para acabar con sus seguidores violentos. Un primer paso bien pudiera ser el ejercer acciones legales contra ellos, fácilmente identificables con los videos y fotografías exhibidas en estos días. Sería un ejemplo que los va a dignificar. Pero la experiencia señala mucho escepticismo. Si no hay consciencia, nunca habrá solución al tema. Solo queda ver para creer. 
         

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