Mucho se ha dicho
que el fútbol venezolano carece de ritmo y dinámica, si se le compara con otras
ligas tanto a nivel continental o mundial. Eso es cierto. El desarrollo de las
acciones va a una velocidad, casi aletargante. Y a pesar de que internamente,
se puede apreciar encuentros con cierta celeridad y prontitud, todo eso no deja
de ser una ilusión perceptiva. Todo queda evidenciado cuando los clubes salen a
la competencia internacional, y tienen que enfrentar a un conjunto con un
verdadero ritmo, que a la larga se convierte en una variable preponderante. Una
causa que limita las aspiraciones de los equipos venezolanos.
Son muchos los
factores que inciden en ellos. A pesar que las instituciones se han esmerado en
tener un cuerpo técnico con especialistas en la preparación física, y que en la
última década se ha evolucionado en ese aspecto, sigue siendo un punto
fundamental la falta de ritmo. El jugador venezolano sigue sin tener la cultura
de que la alta competencia, va acompañado de un rigor físico. Que para jugar y
desequilibrar, se debe tener una preparación óptima en ese aspecto.
No existe una buena base y los profesores se mantienen aún
con los métodos tradicionales, además del poco interés por capacitarse o
actualizarse que es lo fundamental para cambiar la realidad. En muchos clubes, este tema es apenas llevado a
cabo, y eso queda reflejado en los encuentros que originan una competencia de
bostezos dentro de la afición.
En días pasados,
César González comparaba el ritmo de juego en Argentina, donde jugó con River
Plate y el que ha tenido a su regreso al fútbol venezolano. No solo destacaba
las enormes diferencias entre uno y otro, sino que daba a entender cierta
añoranza por ese nivel. Quizás, el “Maestrico” se sentirá sobrado cuando inicia
un esprín y ve que deja regado al rival. En la selección nacional se puede
apreciar con mucha claridad. No es el mismo ritmo de juego que exhibe la
vinotinto, al que se ve domingo a domingo en el balompié local. El hecho de que
la gran mayoría de los integrantes se encuentran en el exterior, influye en
eso. Además, el cuerpo técnico de la selección se ha esmerado en que todo el
plantel lleve a cabo trabajos específicos, a la par de su preparación en cada
equipo.
Esto de la preparación
física no es un problema menor. Cada día tiene más relevancia en los éxitos
deportivos de las instituciones. Se trata de algo fundamental
Existen otras
variables que influyen en ese poco ritmo como el arbitraje. Los hombres de
negro tienden a detener mucho las acciones. No son de los que dejan jugar, que
permiten el desarrollo de la jugada. Pareciera que les gusta ponerle freno y
asumir un protagonismo innecesario. Qué lejos está el nivel del arbitraje en
este punto y en otros, que atentan contra su evolución y la del juego.
También las
precarias condiciones de muchos campos de juego limitan el desarrollo de un
juego fluido y de dinámica. Tener terrenos en buen estado parece una utopía en
el fútbol venezolano. El descuido y mal mantenimiento sin duda que frenan el
desarrollo del accionar. Quién sabe si se podrá superar el ritmo de competencia
que existe en el país. Quién sabe si el desarrollo de un juego pueda alcanzar
topes importantes, que no desentonen cuando toque saltar a la arena internacional.
El primer paso para lograr eso, es la concientización de que existen limitantes
que se deben superar.

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